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jueves, 13 de septiembre de 2012

VIGILIA DE ORACIÓN EN BEIRUT EN ESPERA DEL PAPA














Líbano está ya esperando a Benedicto XVI en su vigésimo cuarto viaje internacional. Anoche, en Beirut, en preparación a la visita del Pontífice a Líbano, tuvo lugar una vigilia de oración. En el evento participaron cristianos y musulmanes. Cuatro procesiones de jóvenes partieron de cuatro puntos de Beirut para llegar hasta el llamado “Jardín de María”, en el área de la plaza del Museo, llevando velas y banderas del país. 

En su estancia en Líbano, el Papa pernoctará en la Nunciatura apostólica en Harissa, localidad situada a 20 kilómetros de Beirut y donde se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Líbano. 





 (PY-RV)

martes, 11 de septiembre de 2012

LA CRUZ DE LOS ATENTADOS TERRORISTAS DEL 11 S

















El 13 de septiembre de 2001, limpiando los escombros del World Trade Center, un trabajador llamado Frank Silecchia encontró dos vigas de acero en forma de Cruz, fue como una señal de Dios que a pesar de tanta destruccion habia esperanza en el futuro. 

La cruz se ha convertido, más allá de las religiones y de las disputas de algunos grupos de ateos, en un símbolo de fe y esperanza para muchos de los trabajadores que han limpiado y reconstruido la zona tras los ataques terroristas, incluso para los millones de personas que ven en ella una forma importante de contar la historia del 11 de septiembre porque, al fin y al cabo, estos restos de acero de las torres son un remanente convertido en un símbolo de consuelo espiritual para los miles de personas que trabajaron en la Zona Cero y socorrieron a los afectados por los ataques, un símbolo para personas de todo el mundo.

Esta cruz ha sido una referencia en los trabajos de reconstrucción, un símbolo al que mirar y pedir consuelo espiritual, con el que recordar, orar y mostrar respeto por cuantos murieron aquel día. 

La cruz ha permanecido clavada durante meses en el corazón de los escombros y ante ella, entre el polvo, el cemento y el acero, los trabajadores y los fieles se recogían en oración de manera espontánea durante los meses que siguieron a la tragedia, de forma que llegó a convertirse en la World Trade Center Cross, el símbolo por excelencia de la zona devastada.






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domingo, 9 de septiembre de 2012

ÁNGELUS (TEXTO EN ESPAÑOL)



La Fe en Jesús proclamada y profesada, y la referencia a un importante intento de diálogo para poner fin al conflicto que aflige a Colombia, son los temas tratados por el Papa en su saludo a los peregrinos de lengua española que llegaron a Castel Gandolfo, para rezar con él la oración dominical mariana del Ángelus. 

La curación del sordomudo en el evangelio dominical -expresó Benedicto XVI “evoca el itinerario de conversión por el cual se llega a la confesión de la fe auténtica, proclamada con los labios y profesada en el corazón”. Y pidió: “Que la Virgen interceda para que nuestra fe no vacile”. 

El Sucesor de Pedro y Obispo de Roma comentó que “ha sido anunciado, en Colombia, en Noruega y en Cuba, un importante diálogo entre el Gobierno Colombiano y representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, con la participación de delegados de Venezuela y Chile, para intentar poner fin al conflicto que, por décadas, aflige a ese amado País”. Y expresó en el marco de la oración a María Santísima: “Espero que cuantos tomen parte en esa iniciativa se dejen guiar por la voluntad de perdón y reconciliación, en la sincera búsqueda del bien común. Muchas gracias”. (Traducción: jesuita Guillermo Ortiz)  

Jesús nos cura la cerrazón del corazón 

Refiriéndose al Evangelio del domingo, Benedicto XVI centró su reflexión previa a la oración del ángelus en la palabra “Ábrete” que Jesús dice al sordomudo cuando le abre los oídos y le desata la lengua. Dijo: “aquel sordomudo, gracias a la intervención de Jesús, «se abrió»; antes estaba cerrado, aislado, para él era muy difícil comunicar; la sanación fue para el una «apertura» hacia los otros y al mundo, una apertura que, partiendo de los órganos del oído y de la palabra, involucraba toda su persona y su vida: finalmente podía comunicar y por tanto relacionarse de manera nueva”. 

A partir de esta imagen el Papa expresó que todos sabemos que el cerrarse del hombre, su aislamiento, no depende solo de los órganos sensoriales. Para afirmar que “Existe una cerrazón interior, que concierne el núcleo profundo de la persona, aquel que la Biblia llama el «corazón»”. Y que “Jesús ha venido a «abrir», a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud las relaciones con Dios y con los demás”. Así, el Papa reconoció que Jesús “se ha hecho hombre para que el hombre, vuelto por el pecado interiormente sordo y mudo, se vuelva capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los otros. Por este motivo la palabra y el gesto del «efatá» han sido insertados en el Rito del Bautismo”. 

Texto completo de la alocución del Santo Padre:

¡Queridos hermanos y hermanas! 

Al centro del Evangelio de hoy (Mc 7,31-37) hay una pequeña palabra, muy importante. Una palabra que – en su sentido profundo – resume todo el mensaje y toda la obra de Cristo. El evangelista Marcos la menciona en la misma lengua en la que Jesús la pronunció, y de esta manera la sentimos más viva aun. Esta palabra es «efatá», que significa: «ábrete». Vemos el contexto en el que es colocada. Jesús estaba atravesando la región llamada «Decápolis», entre el litoral de Tiro y Sidón y Galilea; una zona por tanto no judaica. Le trajeron un hombre sordo, para que le impusiera las manos – evidentemente su fama se había difundido hasta ahí. Jesús, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y le tocó la lengua, y después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. (cfr Mc 7,35). He aquí el significado histórico, literal de esta palabra: aquel sordomudo, gracias a la intervención de Jesús, «se abrió»; antes estaba cerrado, aislado, para él era muy difícil comunicar; la sanación fue para él una «apertura» hacia los otros y al mundo, una apertura que, partiendo de los órganos del oído y de la palabra, involucraba toda su persona y su vida: finalmente podía comunicar y por tanto relacionarse de manera nueva. 

Pero todos sabemos que el cerrarse del hombre, su aislamiento, no depende solo de los órganos sensoriales. Existe una cerrazón interior, que concierne el núcleo profundo de la persona, aquel que la Biblia llama el «corazón». Es esto lo que Jesús ha venido a «abrir», a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud las relaciones con Dios y con los demás. He aquí por qué decía que esta pequeña palabra, «efatá – ábrete», resume en sí toda la misión de Cristo. Él se ha hecho hombre para que el hombre, vuelto por el pecado interiormente sordo y mudo, se vuelva capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los otros. Por este motivo la palabra y el gesto del «efatá» han sido insertados en el Rito del Bautismo, como uno de los signos que nos explican su significado: el sacerdote, tocando la boca y las orejas del neo-bautizado dice: «Efatá», orando para que este pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe. Mediante el Bautismo, la persona humana inicia, por decirlo así, a «respirar» el Espíritu Santo, aquel que Jesús había invocado del Padre con aquel suspiro, para curar al sordomudo. 

Nos dirigimos ahora en oración a María Santísima, de quien ayer hemos celebrado la Natividad. Por motivo de su singular relación con el Verbo encarnado, María está plenamente «abierta» al amor del Señor, su corazón está constantemente en escucha de su Palabra. Que su maternal intercesión nos obtenga experimentar cada día, en la fe, el milagro del «efatá», para vivir en comunión con Dios y con los hermanos. (Traducción del italiano: Raúl Cabrera- RV)






                                   BENDICIÓN DEL SANTO PADRE

CARTA DOMINICAL DEL CARDENAL SISTACH. ARZOBISPO DE BARCELONA

domingo, 2 de septiembre de 2012

CARTA DOMINICAL DEL CARDENAL SISTACH, ARZOBISPO DE BARCELONA

MILES DE FIELES RINDEN HOMENAJE AL CARDENAL MARTINI























Con gran afecto, estima y gratitud decenas de miles de fieles están rindiendo homenaje al cardenal Carlo Maria Martini, fallecido hace dos días en la casa de los jesuitas en Gallarate, cerca de Milán, a la edad de 85 años. El cardenal Carlo Maria Martini tras un largo periodo en Tierra Santa residía allí. Y allí en el Aloisianum concedió su última entrevista el pasado 8 de agosto al también jesuita, Georg Sporschill, que ha publicado el periódico italiano Corriere della Sera. El arzobispo emérito de Milán por más de 20 años dice que “la Iglesia debe reconocer los errores propios y debe seguir un cambio radical, para ser creíble”. 

El cardenal Martini, que debido al párkinson se hacía entender con la ayuda de don Damiano, su asistente, aludió también al “cansancio” de la Iglesia, sin vocaciones, anticuada, atrapada a la burocracia y al bienestar de muchos de sus miembros. “Nuestros rituales y nuestras vestiduras son pomposos” afirmó el purpurado, que llegó a comparar la situación de la Iglesia con la de aquel joven rico que se marcha triste cuando Jesús lo llama para que se convierta en su discípulo. El cardenal Martini propuso tres recetas para salir superar este agotamiento. El primero es reconocer los propios errores y emprender un camino de conversión. El segundo y tercer consejo es recuperar la Palabra de Dios y los sacramentos, como una ayuda y no como un castigo. 

El cardenal querido por muchos italianos y no italianos por su espiritualidad abierta y espíritu de diálogo será enterrado este lunes en la catedral de Milán donde está instalada su capilla ardiente, que está siendo visitada por decenas de miles de personas. (ER – RV).



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ÁNGELUS (TEXTO EN ESPAÑOL)



La Ley de Dios que encuentra su cumplimiento en el amor, es el tema de la liturgia de hoy ha dicho el Sucesor de Pedro, en la reflexión previa a la oración dominical del ángelus que rezó con los peregrinos llegados a Castel Gandolfo al mediodía. 

“La Ley de Dios es su Palabra que guía al hombre en el camino de la vida, lo hace salir de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la “tierra” de la verdadera libertad y de la vida”, afirmó el Papa Benedicto. Por eso en la Biblia la Ley no es vista como un peso oprimente sino como un don precioso del amor del Señor y de su cercanía. Cuando el pueblo se establece en la tierra “ciertamente, la Ley de Dios permanece, pero no es lo más importante, la regla de vida; se transforma mas bien en un revestimiento, en una cobertura, mientras la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses egoístas, individuales y de grupo”. 

La religión se reduce así a la práctica de usanzas secundarias – ha dicho el Papa. Es el riesgo de toda religión, la falsa religiosidad: “Este pueblo me honra con los labios pero no con el corazón”. 

Así motivo Benedicto XVI el ruego a María, para que ella “nos ayude a escuchar con corazón abierto y sincero la Palabra de Dios, para que oriente nuestros pensamientos, nuestras elecciones y nuestras acciones, cada día”. (jesuita Guillermo Ortiz- RV)

La verdadera sabiduría 

Texto completo de la reflexión: 

Queridos hermanos y hermanas: 

En la Liturgia de la Palabra de este domingo emerge el tema de la Ley de Dios, de su mandamiento: un elemento esencial de la religión hebraica y también de la cristiana, donde encuentra su pleno cumplimiento en el amor (Cfr. Rm 13, 10). La Ley de Dios es su Palabra que guía al hombre en el camino de la vida, lo hace salir de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la «tierra» de la verdadera libertad y de la vida. Por esto en la Biblia la Ley no es vista como un peso, una limitación oprimente, sino como el don más precioso del Señor, el testimonio de su amor paterno, de su voluntad de estar cerca de su pueblo, de ser su Aliado y escribir con él una historia de amor. Así reza el pío israelita: « En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra. (…) Llévame por la senda de tus mandamientos, porque mi complacencia tengo en ella» (Sal 119, 16.35). 

En el Antiguo Testamento, aquel que en nombre de Dios transmite la Ley al pueblo es Moisés. Él, después del largo camino en el desierto, en el umbral de la tierra prometida, proclama: «Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las normas que yo te enseño para que las pongas en práctica, a fin de que vivas y entres a tomar posesión de la tierra que te da el Señor, Dios de sus padres» (Dt 4, 1). 

Y he aquí el problema: cuando el pueblo se establece en la tierra, y es depositario de la Ley, se siente tentado a poner su seguridad y su alegría en algo que ya no es la Palabra del Señor: en los bienes, en el poder, en otras “divinidades” que, en realidad son vanas, son ídolos. Ciertamente, la Ley de Dios permanece, pero ya no es lo más importante, la regla de vida; se convierte más bien en un revestimiento, una cobertura, mientras la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses individuales y de grupo con frecuencia egoístas. Y así la religión pierde su sentido auténtico que es vivir en escucha de Dios para hacer su voluntad, y se reduce a práctica de usanzas secundarias, que satisfacen más bien la necesidad humana de sentirse bien con Dios. Éste es el grave riesgo de cada religión, que Jesús individuó en su tiempo, pero que también se puede verificar, lamentablemente, en la cristianidad. Por tanto, las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy contra los escribas y los fariseos deben hacernos pensar también en nosotros. Jesús hace propias las palabras del profeta Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres» (Mc 7, 6-7; Cfr. Is 29,13). Y después concluye: «Dejando el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres» (Mc 7, 8). 

También el apóstol Santiago, en su Carta, advierte acerca del peligro de una falsa religiosidad. Él escribe a los cristianos: «Pongan por obra la Palabra y no se contenten sólo con oírla, engañándose a ustedes mismos» (Santiago 1, 22). Que la Virgen María, a quien ahora nos dirigimos en oración, nos ayude a escuchar con corazón abierto y sincero la Palabra de Dios, para que oriente nuestros pensamientos, nuestras elecciones y nuestras acciones, cada día. (Traducción: María Fernanda Bernasconi- RV). 

Saludos del Papa en distintas lenguas tras el rezo del Ángelus 

Como siempre, el Santo Padre, tras el rezo mariano del Ángelus, ha saludado en distintas lenguas a todas las personas presentes. Este es el texto de sus palabras en español. 

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La liturgia de la Palabra de este domingo nos enseña que la verdadera sabiduría consiste en cumplir con sinceridad los preceptos de Dios, para con su ayuda crecer en el conocimiento y en la práctica de la virtud. Que a ejemplo de la Santísima Virgen seamos dóciles al Señor y tratemos de cumplir constantemente su voluntad, cueste lo que cueste, sin caer en el desaliento o la hipocresía. Feliz domingo. 

Hablando en francés, el Papa se ha dirigido a los estudiantes y alumnos que, tras el periodo de vacaciones, están a punto de empezar un nuevo año escolar. El Santo Padre ha saludado también a un grupo de libaneses y ha expresado su alegría de poder visitar su país dentro de un par de semanas. 

Es hermoso y necesario aprender. Hacedlo desde el corazón. ¡Y que podáis descubrir también la alegría de la amistad! El tiempo para el deporte y para la recreación es importante, pero el tiempo para la familia y para Dios es más importante todavía. Vuestros padres y profesores deben alentar y encontrar el justo equilibrio entre ambas cosas. También doy la bienvenida esta mañana a los libaneses, les aseguro mi oración y les digo que estoy muy dichoso por visitar pronto su país. Os bendigo a todos con todo mi corazón. 

A los peregrinos y visitantes de habla inglesa, el Pontífice ha dicho que el Evangelio de la liturgia de hoy nos impulsa a todos a una “mayor armonía entre la fe que atesoramos en nuestro corazón y nuestro comportamiento exterior”. “Por la gracia de Dios, podemos ser purificados por dentro y por fuera, para vivir integralmente nuestro compromiso con Cristo y su mensaje”. 

El Papa ha proseguido hablando del Evangelio de este domingo también a los fieles de lengua alemana presentes en Castel Gandolfo. “En el evangelio de hoy -ha dicho el Santo Padre- Cristo habla de la verdadera pureza de corazón. No se trata de apariencias, sino de la pureza profunda, interior. Y ésta comienza en nuestras mentes. Las bienaventuranzas del Señor nos muestran el camino de la justicia para abrirnos a la gozosa comunión con Dios”. 

Benedicto XVI ha dado la bienvenida, seguidamente, a los numerosos fieles y peregrinos polacos que llenan siempre el patio del palacio Pontificio de Castel Gandolfo. El Papa ha recordado que a partir del lunes, los jóvenes comienzan el nuevo año escolar y un nuevo año catequético. “Pido a Dios la luz del Espíritu Santo y los dones necesarios para todos los alumnos y estudiantes, así como para todos aquellos comprometidos en el estudio para que sea para ellos un momento de crecimiento en sabiduría y en la gracia delante de Dios y de los hombres”. 

Y por último, el Papa ha dirigido un cordial saludo a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los fieles de Aprilia y a los chicos de algunas parroquias de la diócesis de Verona y Vicenza. Ha saludado también a un grupo de cónyuges que están celebrando 25 años de matrimonio. A todos les ha deseado un feliz domingo. (ER – RV)







                                BENDICIÓN DEL SANTO PADRE