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domingo, 16 de septiembre de 2012

SÍNTESIS DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINOIDAL EBALORADA POR BENEDICTO XVI























Síntesis de la Exhortación Apostólica post-sinodal "Ecclesia en Oriente Medio" 

PREMISA 

La Exhortación Apostólica post-sinodal "Ecclesia en Oriente Medio" es el documento elaborado por Benedicto XVI a partir de las 44 proposiciones finales del Sínodo especial para Oriente Medio, que se celebró en el Vaticano del 10 al 26 octubre 2010, sobre el tema La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión y testimonio. "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). El texto se divide en tres partes, además de una introducción y una conclusión. 

INTRODUCCIÓN

La exhortación hace un llamamiento a la Iglesia católica en Oriente Medio para reavivar la comunión en su interior, mirando a los "fieles nativos" que pertenecen a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, y abriéndose al diálogo con los judíos y musulmanes. Se trata de una comunión, una unidad que hay que conseguir según la diversidad de contextos geográficos, religiosos, culturales y socio-políticos en el Oriente Medio. Benedicto XVI renueva el llamamiento a preservar y promover los ritos de las Iglesias Orientales, patrimonio de toda la Iglesia de Cristo. 

PRIMERA PARTE El Papa invita a no olvidar a los cristianos que viven en el Oriente Medio y que dan un contributo "noble y auténtico" a la construcción del Cuerpo de Cristo. Al describir la situación en la región y los pueblos que allí viven, Benedicto XVI pone de relieve dramáticamente los muertos, las víctimas "de la ceguera humana", el miedo y las humillaciones. La Exhortación recuerda que la posición de la Santa Sede sobre los diversos conflictos en la región y la situación de Jerusalén y los Santos Lugares es ampliamente conocida. Hace un llamamiento a la conversión, a la paz, a superar todas las diferencias de raza, género y clase, y vivir en el perdón en el ámbito privado y en la comunidad. 

Vida cristiana y ecumenismo. Todo este capítulo es un llamamiento a la unidad ecuménica, "que no es la uniformidad de tradiciones y celebraciones": en un contexto político difícil, inestable y propenso a la violencia como el actual del Oriente Medio, la Iglesia se ha desarrollado en un modo verdaderamente multifacético, presentando Iglesias de antigua tradición y comunidades eclesiales más recientes. Se trata de un mosaico que requiere un notable esfuerzo para fortalecer el testimonio cristiano. La exhortación hace hincapié en la importancia del trabajo teológico y de las diversas comisiones ecuménicas y comunidades eclesiales, para que - de acuerdo con la doctrina de la Iglesia - hablen con una sola voz sobre los principales problemas morales (la familia, la sexualidad, la bioética, la libertad, la justicia y la paz). También es importante el ecumenismo diaconal, en ámbito caritativo y educativo. A continuación se enumeran algunas propuestas concretas para una pastoral ecuménica: una cierta "communicatio in sacris" (la posibilidad para los cristianos de acceder a los sacramentos en una Iglesia distinta de la propia) para los sacramentos de la penitencia, la Eucaristía y la unción de los enfermos, y un acuerdo para una traducción común del Padrenuestro en los idiomas locales de la región. 

El diálogo interreligioso. Recordando los lazos históricos y espirituales que los cristianos tienen con judíos y musulmanes, se reitera que el diálogo interreligioso no nace de consideraciones pragmáticas de orden político o social, sino que se basa principalmente en los fundamentos teológicos de la fe: judíos, cristianos y musulmanes creen en un solo Dios, por lo que se espera que puedan reconocer "en el otro creyente", un hermano que hay que amar y respetar, evitando instrumentalizar la religión en conflictos "injustificables para un verdadero creyente." En cuanto al diálogo entre cristianos y judíos, el Papa recuerda el patrimonio espiritual común, basado en la Biblia, que contiene las "raíces judías del cristianismo", pide a los cristianos que sean conscientes del misterio de la Encarnación de Dios y condena las injustificables persecuciones del pasado. 

Para los musulmanes, el Papa usa la palabra "estima" y añade "en la fidelidad al Concilio Vaticano II"; lamenta, sin embargo, que las diferencias doctrinales hayan servido de pretexto a unos y otros para justificar, en el nombre de la religión, las prácticas de intolerancia, la discriminación, la marginación y la persecución. La exhortación también muestra que la presencia de los cristianos en Oriente Medio no es ni nueva ni casual, sino histórica: parte integrante de la región, pusieron en marcha "una particular simbiosis" con la cultura circundante y -junto a judíos y musulmanes – han contribuido a la formación de una rica cultura, propia de Oriente Medio. 

En cuanto a los católicos de la región, el texto muestra que, como ciudadanos nativos de Oriente Medio, tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida cívica, y no deben ser considerados ciudadanos de segunda clase. El Papa dice que la libertad religiosa -la suma de todas las libertades, sagrada e inalienable- incluye la libertad de elegir la religión que se considera la verdadera y de manifestar públicamente sus creencias y símbolos, sin poner en peligro la propia vida y la libertad personal. La fuerza y las construcciones, en materia religiosa, no son admisibles. De aquí la invitación a pasar de la tolerancia a la libertad religiosa, lo que no implica una puerta abierta al sincretismo, sino "una reconsideración de la relación antropológica con la religión y con Dios." 

Dos nuevas realidades: el secularismo, con sus formas a veces extremas, y el fundamentalismo violento que reivindica un origen religioso. La sana laicidad implica distinción y colaboración entre política y religión en el mutuo respeto, y garantiza a la política operar sin instrumentalizar la religión, y a la religión vivir sin los estorbos de los intereses políticos. El fundamentalismo religioso -que crece en el clima de incertidumbre socio-política, gracias a las manipulaciones de algunos e la insuficiente comprensión de la religión por parte de otros- quiere tomar el poder, a veces con violencia, sobre la conciencia de la gente y sobre la religión, por razones políticas. Por este motivo, el Papa lanza un llamamiento urgente a todos los líderes religiosos del Medio Oriente para que busquen, con su ejemplo y su enseñanza, de hacer todo lo posible para erradicar esta amenaza mortal que afecta por igual a los creyentes de todas las religiones. 

Emigrantes: El Papa aborda una cuestión fundamental, a saber, el éxodo de los cristianos (una verdadera hemorragia), que se encuentran en una situación delicada, a veces sin esperanza, y sufren las consecuencias negativas de los conflictos, sintiéndose a menudo humillados, a pesar de haber participado, a lo largo de los siglos, en la construcción de sus respectivos países. Un Oriente Medio, con pocos cristianos o ninguno ya no sería el Oriente Medio. Por esta razón, el Papa pide a los líderes políticos y líderes religiosos que eviten las políticas y estrategias que tiendan hacia un Oriente Medio monocromo que no refleja su realidad humana e histórica. Benedicto XVI invita a los pastores de las Iglesias orientales católicas a ayudar a sus sacerdotes y sus fieles de la diáspora a mantenerse en contacto con sus familias y sus iglesias y alienta a los obispos de las diócesis que reciben a los católicos orientales a darles la oportunidad de celebrar de acuerdo con sus propias tradiciones. El capítulo también aborda el tema de los trabajadores inmigrantes -a menudo católicos de rito latino- de África, el Lejano Oriente y el subcontinente indio, que a menudo experimentan situaciones de discriminación e injusticia. 

SEGUNDA PARTE 

La segunda parte se ocupa de algunas de las principales categorías que componen la Iglesia Católica: 

- Patriarcas: Los líderes de la Iglesias sui juris, en perfecta unión con el Obispo de Roma, hacen tangible la universalidad y la unidad de la Iglesia y como signo de comunión, sabrán reforzar la unidad y la solidaridad en el marco del Consejo de los Patriarcas católicos de Oriente y de los Sínodos patriarcales, favoreciendo siempre la concertación sobre los temas clave de la Iglesia. 

- Los obispos: signo visible de unidad en la diversidad de la Iglesia entendida como Cuerpo, del cual Cristo es la cabeza, son los primeros en ser enviados a todas las naciones para hacer discípulos. Deben proclamar con valentía y defender con firmeza la integridad y la unidad de la fe, en las situaciones difíciles que, lamentablemente, no faltan en el Oriente Medio. Los obispos también están invitados a una sana, honesta y transparente gestión de los bienes temporales de la Iglesia y, en este sentido, el Papa recuerda que los padres sinodales pidieron una revisión seria de las finanzas y los bienes, para evitar la confusión entre los bienes personales y los de Iglesia. Los obispos también tendrán que vigilar para asegurar a los sacerdotes el sustento adecuado, con el fin de que no se pierdan en cuestiones materiales. La enajenación de los bienes de la Iglesia debe cumplir estrictamente las normas del derecho canónico y las disposiciones pontificias vigentes. Por último, el Papa exhorta a los obispos a la atención, en un sentido pastoral, de todos fieles los cristianos, independientemente de su nacionalidad u origen eclesial. 

- Los sacerdotes y seminaristas: la exhortación hace hincapié en que los sacerdotes deben educar al Pueblo de Dios en la edificación de la civilización del amor evangélico y de la unidad y esto exige una transmisión en profundidad de la Palabra de Dios, de la tradición y de la doctrina de la Iglesia, junto con la renovación intelectual y espiritual de los sacerdotes mismos. En este contexto, es importante el celibato -don inestimable de Dios a la Iglesia-, y también el ministerio de los sacerdotes casados, antigua componente de la tradición oriental. Como servidores de la comunión, los sacerdotes y seminaristas deben ofrecer un testimonio valiente y sin sombras, tener una conducta irreprochable, y abrirse a la diversidad cultural de sus Iglesias (aprendiendo, por ejemplo, las lenguas y culturas), así como a la diversidad eclesial y al diálogo ecuménico e interreligioso.

- Vida Consagrada: el monaquismo, en sus diversas formas, nació en el Oriente Medio y dio inicio a algunas Iglesias sui iuris; las personas consagradas deben cooperar con el obispo en la actividad pastoral y misionera. Se les invita a meditar mucho tiempo y a observar los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia), porque no puede haber regeneración espiritual -de las comunidades de fieles y la Iglesia entera- sin un retorno claro y neto a la búsqueda de Dios.

- Laicos: miembros del Cuerpo de Cristo gracias al bautismo y por tanto plenamente asociados a la misión de la Iglesia universal, a los laicos el Papa confía la tarea de promover -en el ámbito temporal, que es el suyo- la sana gestión de los bienes públicos, la libertad religiosa y el respeto de la dignidad de cada persona. También se les anima a ser valientes en la causa de Cristo. Para que su testimonio realmente de frutos, los laicos deben superar las divisiones y todas las interpretaciones subjetivas de la vida cristiana. 

- Familia: institución divina fundada en el sacramento del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer ("El amor conyugal es el proyecto paciente de toda una vida"), hoy la familia está expuesta a muchos peligros. La familia cristiana debe ser apoyada en sus problemas y dificultades y debe mirar a su propia identidad más profunda, para que sea sobre todo Iglesia doméstica que educa a la oración y la fe, vivero de vocaciones, escuela natural de virtudes y valores éticos, célula fundamental de la sociedad. La exhortación reserva amplio espacio a la cuestión de la mujer en Oriente Medio y la necesidad de su igualdad con el hombre, frente a la discriminación que debe sufrir y que ofende gravemente no sólo a la mujer misma, sino también y sobre todo a Dios. El Papa pone de relieve que las mujeres deben trabajar y participar en la vida pública y eclesial. Con respecto a las controversias jurídicas en materia matrimonial, la voz de la mujer debe ser escuchada a la par con la del hombre, sin injusticias. Por esta razón, el Papa alienta a una aplicación. más saludable y justa, del derecho en este contexto, para que las diferencias jurídicas relativas a la materia matrimonial non conduzcan a la apostasía. Por último, los cristianos de Oriente Medio deben ser capaces de aplicar, ya sea en el matrimonio o en otras cuestiones, su derecho, sin restricción alguna. 

- Los jóvenes y los niños: el Papa les exhorta a no tener miedo o vergüenza de ser cristianos, a respetar a los demás creyentes, judíos y musulmanes, a cultivar siempre -a través de la oración- la verdadera amistad con Jesús, amando a Cristo y a la Iglesia. De esta manera, van a ser capaces de discernir con sabiduría los valores de la modernidad útiles para su realización, sin dejarse seducir por el materialismo o alguna red social, cuyo uso indiscriminado puede mutilar la verdadera naturaleza de las relaciones humanas. Para los niños, en particular, la exhortación recurre a padres, educadores, formadores e instituciones públicas para que reconozcan los derechos de los niños desde su concepción. 

TERCERA PARTE 

La Palabra de Dios, el alma y la fuente de comunión y testimonio: Después de expresar gratitud a las escuelas exegéticas (de Alejandría, Antioquía) que contribuyeron a la formulación dogmática del misterio cristiano en los siglos cuarto y quinto, la exhortación recomienda una verdadera pastoral bíblica, para disipar los prejuicios o ideas erróneas que provocan controversias inútiles o humillantes. De ahí la sugerencia de anunciar un Año Bíblico, según las condiciones pastorales de cada país de la región, seguido de una Semana anual de la Biblia. La presencia cristiana en el Medio Oriente en los países bíblicos -que va mucho más allá de una simple pertenencia sociológica o de un éxito económico y cultural- reencontrando la savia de las raíces y en el seguimiento de los discípulos de Cristo, tendrá un nuevo impulso. 

Liturgia y vida sacramental: Para los fieles de Oriente Medio, la liturgia es elemento esencial de la unidad espiritual y de la comunión. La renovación de las celebraciones litúrgicas y textos -en su caso- debe basarse en la Palabra de Dios y realizarse en colaboración con las Iglesias co-depositarias de las mismas tradiciones. Central la invitación a mirar a la importancia del bautismo, que permite a los que lo reciben vivir en comunión y desarrollar una verdadera solidaridad con los demás miembros de la familia humana, sin discriminación alguna por motivos de raza o religión. En este contexto, el Papa espera un acuerdo ecuménico para el reconocimiento mutuo del bautismo entre la Iglesia católica y las Iglesias con las que está en diálogo teológico, para restaurar, así, la plena comunión en la fe apostólica. La exhortación también anhela una práctica más frecuente del sacramento del perdón y la reconciliación, e insta a los pastores y a los fieles a promover iniciativas de paz, incluso en medio de la persecución. 

La oración y la peregrinación: Oriente Medio es un lugar privilegiado de peregrinación para muchos cristianos que aquí puedan fortalecer su fe y vivir una experiencia profundamente espiritual. El Papa pide que los fieles tengan libre acceso, sin restricciones, a los Santos Lugares. También es esencial que la peregrinación bíblica de hoy vuelva a sus motivaciones iniciales: un camino penitencial en busca de Dios 

Evangelización y caridad misiones de la Iglesia. La exhortación hace hincapié en que la transmisión de la fe es una misión esencial de la Iglesia. De ahí la invitación del Papa a la nueva evangelización que, en el contexto actual, marcado por cambios, hace al fiel consciente de su testimonio de vida: ésta refuerza su palabra cuando habla de Dios con valor y abiertamente, para anunciar la Buena Nueva de salvación. En particular, en Oriente Medio, el estudio de la evangelización teológica y pastoral tendrá que mirar en dos dimensiones, la ecuménica y la interreligiosa. Acerca de los movimientos y comunidades eclesiales, el Papa les anima a actuar en comunión con el Obispo del lugar, y de acuerdo con sus orientaciones pastorales, teniendo en cuenta la historia de la cultura, la liturgia, la espiritualidad y local, sin confusión ni proselitismo. La Iglesia católica en Oriente Medio está invitada a renovar su espíritu misionero, desafío más urgente que nunca en un contexto multicultural y multirreligioso. Un fuerte estímulo, en este sentido, puede derivar del Año de la Fe. Sobre la caridad, la exhortación recuerda que la Iglesia debe seguir el ejemplo de Cristo, que se hizo cercano a los más débiles: los huérfanos, los pobres, los discapacitados, los enfermos. Por último, el Papa saluda y alienta a todas las personas que trabajan, de modo impresionante, en los centros educativos, las escuelas, los colegios y las universidades católicas de Oriente Medio. Estos instrumentos de cultura -que debe ser apoyados por los políticos- muestran que existe, en Oriente Medio, la oportunidad de vivir en el respeto y la colaboración a través de la educación a la tolerancia. 

La catequesis y la formación cristiana: el documento papal estimula la lectura y la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica y una iniciación concreta a la Doctrina Social de la Iglesia. Al mismo tiempo, el Papa invita a los Sínodos y otros organismos episcopales a facilitar a los fieles el acercamiento a la riqueza espiritual de los Padres de la Iglesia y a actualizar la enseñanza patrística, complemento de la formación bíblica. 

CONCLUSIONES 

De un modo solemne, Benedicto XVI pide, en el nombre de Dios, a los líderes políticos y religiosos no sólo aliviar los sufrimientos de todos los que viven en el Oriente Medio, sino también eliminar las causas, haciendo todo lo posible para llegar a la paz. Al mismo tiempo, a los fieles católicos se les insta a consolidar y vivir la comunión entre ellos, dando vida al dinamismo pastoral. "La tibieza disgusta a Dios", y por tanto los cristianos de Oriente Medio, los católicos y los demás, den testimonio de Cristo, unidos y con coraje. Se trata de un testimonio no fácil, pero emocionante. (RV)


CARTA DOMINICAL DEL CARDENAL SISTACH, ARZOBISPO DE BARCELONA

ENCUENTRO DE BENEDICTO XVI CON LOS JÓVENES EN LÍBANO (DISCURSO COMPLETO EN ESPAÑOL)


















La tarde de este sábado 15 de septiembre, Benedicto XVI cumpliendo su segunda jornada de visita al Líbano, donde lo aguardaban chicos y chicas cristianos y musulmanes provenientes de toda la región, incluyendo aquellos de la martirizada Siria dirigió un discurso a sus jóvenes amigos invitándolos a saber encontrar en Jesús al amigo, a mantener la capacidad de convivir sin importar las diferencias y de no dejarse doblegar por sentimientos de violencia, de injusticia pero también por la soledad. 

DISCURSO DE BENEDICTO XVI ENCUENTRO CON LOS JOVENES DEL LIBANO Y DEL MEDIO ORIENTE: (15.09.2012)

Beatitud, Hermanos Obispos, queridos amigos 

«A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor» (2 P 1,2). El pasaje de la carta de San Pedro que acabamos de escuchar expresa bien el gran deseo que llevo en el corazón desde hace mucho tiempo. Gracias por vuestra calurosa acogida, gracias de todo corazón por vuestra presencia tan numerosa esta tarde. Agradezco a Su Beatitud el Patriarca Bechara Boutros Raï sus palabras de bienvenida, a Mons. Georges Bou Jaoudé, Arzobispo de Trípoli y Presidente del Consejo para el apostolado de los laicos en el Líbano, y a Monseñor Elie Hadda, Arzobispo de Sidón de los Griegos melquitas y Vice-presidente de dicho Consejo, así como a los dos jóvenes que me han saludado en nombre de todos vosotros. سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy) (Jn 14,27), nos dice Jesucristo. 

Queridos amigos, vosotros vivís hoy en esta parte del mundo que ha visto el nacimiento de Jesús y el desarrollo del cristianismo. Es un gran honor. Y es una llamada a la fidelidad, al amor por vuestra región, y especialmente a ser testigos y mensajeros de la alegría de Cristo, porque la fe transmitida por los Apóstoles lleva a la plena libertad y al gozo, como lo han mostrado tantos santos y beatos de este país. Su mensaje ilumina la Iglesia universal. Y puede seguir iluminando vuestras vidas. Entre los Apóstoles y los santos, muchos vivieron periodos difíciles, y su fe fue la fuente de su valor y de su testimonio. Que encontréis en su ejemplo e intercesión la inspiración y el apoyo que necesitáis. 

Conozco las dificultades que tenéis en la vida cotidiana, debido a la falta de estabilidad y seguridad, al problema de encontrar trabajo o incluso al sentimiento de soledad y marginación. En un mundo en continuo movimiento, os enfrentáis a muchos y graves desafíos. Pero ni siquiera el des-empleo y la precariedad deben incitaros a probar la «miel amarga» de la emigración, con el desarraigo y la separación en pos de un futuro incierto. Se trata de que vosotros seáis los artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel en la sociedad y en la Iglesia. 

Tenéis un lugar privilegiado en mi corazón y en toda la Iglesia, porque la Iglesia es siempre joven. La Iglesia confía en vosotros. Cuenta con vosotros. Sed jóvenes en la Iglesia. Sed jóvenes con la Iglesia. La Iglesia necesita vuestro entusiasmo y creatividad. La juventud es el momento en el que se aspira a grandes ideales, y el periodo en que se estudia para prepararse a una profesión y a un porvenir. Esto es importante y exige su tiempo. Buscad lo que es hermoso y gozad en hacer el bien. Dad testimonio de la grandeza y la dignidad de vuestro cuerpo, que es «para el Señor» (1 Co 6,13b). Tened la delicadeza y la rectitud de los corazones puros. Como el beato Juan Pablo II, yo también os repito: «No tengáis miedo. Abrid las puertas de vuestro espíritu y vuestro corazón a Cristo». El encuentro con él «da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1). En él encontraréis la fuerza y el valor para avanzar en el camino de vuestra vida, superando así las dificultades y aflicciones. En él encontraréis la fuente de la alegría. Cristo os dice: سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy). Aquí está la revolución que Cristo ha traído, la revolución del amor. 

Las frustraciones que se presentan no os deben conducir a refugiaros en mundos paralelos como, entre otros, el de las drogas de cualquier tipo, o el de la tristeza de la pornografía. En cuanto a las redes sociales, son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual. Buscad y vivid relaciones ricas de amistad verdadera y noble. Adoptad iniciativas que den sentido y raíces a vuestra existencia, luchando contra la superficialidad y el consumo fácil. También os acecha otra tentación, la del dinero, ese ídolo tirano que ciega hasta el punto de sofocar a la persona y su corazón. Los ejemplos que os rodean no siempre son los mejores. Muchos olvidan la afirmación de Cristo, cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero (cf. Lc 16,13). Buscad buenos maestros, maestros espirituales, que sepan indicaros la senda de la madurez, dejando lo ilusorio, lo llamativo y la mentira.

Sed portadores del amor de Cristo. ¿Cómo? Volviendo sin reservas a Dios, su Padre, que es la medida de lo justo, lo verdadero y lo bueno. Meditad la Palabra de Dios. Descubrid el interés y la actualidad del Evangelio. Orad. La oración, los sacramentos, son los medios seguros y eficaces para ser cristianos y vivir «arraigados y edificados en Cristo, afianzados en la fe» (Col 2,7). El Año de la fe que está para comenzar será una ocasión para descubrir el tesoro de la fe recibida en el bautismo. Podéis profundizar en su contenido estudiando el Catecismo, para que vuestra fe sea viva y vivida. Entonces os haréis testigos del amor de Cristo para los demás. En él, todos los hombres son nuestros hermanos. La fraternidad universal inaugurada por él en la cruz reviste de una luz resplandeciente y exigente la revolución del amor. «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,35). En esto reside el testamento de Jesús y el signo del cristiano. Aquí está la verdadera revolución del amor. 

Por tanto, Cristo os invita a hacer como él, a acoger sin reservas al otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país. Hacerle sitio, respetarlo, ser bueno con él, nos hace siempre más ricos en humanidad y fuertes en la paz del Señor. Sé que muchos de vosotros participáis en diversas actividades promovidas por las parroquias, las escuelas, los movimientos o las asociaciones. Es hermoso trabajar con y para los demás. Vivir juntos momentos de amistad y alegría permite resistir a los gérmenes de división, que constante-mente se han de combatir. La fraternidad es una anticipación del cielo. Y la vocación del discípulo de Cristo es ser «levadura» en la masa, como dice san Pablo: «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa» (Ga 5,9). Sed los mensajeros del evangelio de la vida y de los valores de la vida. Resistid con valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo y desprecio del otro, la injusticia, la guerra. Así irradiaréis la paz en vuestro entorno. ¿Acaso no son a los «artífices de la paz» a quienes en definitiva más admiramos? ¿No es la paz ese bien precioso que toda la humanidad está buscando? Y, ¿no es un mundo de paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más profundo? سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy), dice Jesús. Él no ha vencido el mal con otro mal, sino tomándolo sobre sí y aniquilándolo en la cruz mediante el amor vivido hasta el extremo. Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de Dios, permite recomenzar siempre una nueva vida. No es fácil perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son caminos de paz, y abren un futuro. 

Queridos amigos, muchos de vosotros se preguntan ciertamente, de una forma más o menos consciente: ¿Qué espera Dios de mí? ¿Qué proyecto tiene para mí? ¿Querrá que anuncie al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio? ¿Me llama-rá Cristo a seguirlo más de cerca? Acoged confiadamente estos interrogantes. Tomaos un tiempo para pensar en ello y buscar la luz. Responded a la invitación poniéndoos cada día a disposición de Aquel que os llama a ser amigos suyos. Tratad de seguir de corazón y con generosidad a Cristo, que nos ha redimido por amor y entregado su vida por todos nosotros. Descubriréis una alegría y una plenitud inimaginable. Responder a la llamada que Cristo dirige a cada uno: éste es el secreto de la verdadera paz.

Ayer firmé la Exhortación Apostólica Ecclesia in Medio Oriente. Esta carta, queridos jóvenes, está destinada también a vosotros, como a todo el Pueblo de Dios. Leedla con atención y meditadla para ponerla en práctica. Para que os ayude, os recuerdo las palabras de san Pablo a los corintios: «Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todo el mundo. Es evidente que sois carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,2-3). También vosotros, queridos amigos, podéis ser una carta viva de Cristo. Esta carta no estará escrita con papel y lápiz. Será el testimonio de vuestra vida y de vuestra fe. Así, con ánimo y entusiasmo, haréis comprender a vuestro alrededor que Dios quiere la felicidad de todos sin distinción, y que los cristianos son sus servidores y testigos fieles. 

Jóvenes libaneses, sois la esperanza y el futuro de vuestro país. Vosotros sois el Líbano, tierra de acogida, de convivencia, con una increíble capacidad de adaptación. Y, en estos momentos, no podemos olvidar a esos millones de personas que forman la diáspora libanesa, y que mantienen fuertes lazos con su país de origen. Jóvenes del Líbano, sed acogedores y abiertos, como Cristo os pide y como vuestro país os enseña. 

Quiero saludar ahora a los jóvenes musulmanes que están con nosotros esta noche. Agradezco vuestra presencia que es tan importante. Vosotros sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso País y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella simbiosis. 

Es necesario que todo el Oriente Medio, viéndoles, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos sin odios, respetando las creencias de cada uno, para construir juntos una sociedad libre y humana. 

He sabido además que están entre nosotros jóvenes venidos de Siria. Quiero deciros cuanto admiro vuestra valentía. Decid en vuestras casas, a vuestros familiares y amigos, que el Papa no os olvida. Decid en vuestro entorno que el Papa esta triste a causa de vuestros sufrimientos y lutos. Él no se olvida de Siria en sus oraciones y es una de sus preocupaciones. No se olvida de ninguno de los que sufren en Oriente Medio. Es el momento en que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a la guerra. 

Para terminar, volvámonos a María, la Madre del Señor, Nuestra Señora del Líbano. Ella os protege y acompaña desde lo alto de la colina de Harissa, vela como madre por todos los libaneses y por tantos peregrinos que acuden de todas partes para encomendarle sus alegrías y sus penas. Esta tarde, confiamos a la Virgen María y al Beato Juan Pablo II, que me precedió aquí, vuestras vidas, las de todos los jóvenes del Líbano y de los países de la región, especialmente de los que sufren la violencia o la soledad, de los que necesitan consuelo. Que Dios os bendiga a todos. Y ahora, todos juntos, la imploramos:السّلامُ عَلَيكِ يا مَرْيَم... . (RV)





viernes, 14 de septiembre de 2012

PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE BENEDICTO XVI A LOS PERIODISTAS DURANTE EL VUELO HACIA BEIRUT











Como siempre en los viajes internacionales, el Papa ha compartido un tramo de su vuelo al Líbano hablando con los periodistas que le acompañaban en el avión y que le han preguntado sobre diversos temas de la actualidad política, social y religiosa en Líbano, Oriente Medio y el mundo. 

Transcripción del texto de las preguntas y de las respuestas de Benedicto XVI

 p. Santidad, en estos días se recuerdan aniversarios terribles como el del 11 de septiembre, o la matanza de Sabra y Chatila; además en la frontera del Líbano está en curso una sangrienta guerra civil, mientras en otros países se observan focos de violencia. ¿Santo Padre con qué sentimientos afronta este viaje? ¿Le han sugerido que renunciara a la visita por motivos de seguridad?

r. Nadie me ha aconsejado renunciar a este viaje y yo tampoco he contemplado esta hipótesis, porque sé que cuando la situación se hace más complicada es aún más necesario ofrecer un signo de fraternidad, de ánimo y de solidaridad. Por tanto, el objetivo de mi viaje es invitar al diálogo, invitar a la paz contra la violencia, trabajar juntos para encontrar soluciones a los problemas. Mis sentimientos son sobre todo sentimientos de agradecimiento por poder visitar en este momento este gran País, un país -como dijo el Papa Juan Pablo II- que es un ejemplo de encuentro en esta región para las tres religiones. Agradezco al Señor que me ha dado esta posibilidad, a todas las instituciones y las personas que han colaborado y colaboran en esta visita. Y agradezco también a todos los que me acompañan en la oración. 

p. Muchos católicos expresan su preocupación por el aumento del fundamentalismo en distintas regiones del mundo, y ante los ataques de los que son víctimas muchos cristianos en el mundo. En este contexto difícil y a menudo sangriento, ¿de qué manera la Iglesia puede responder al imperativo del diálogo con el Islam, sobre el cual Usted siempre ha insistido? 

r. El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión y va contra el sentido de la religión, que, en cambio, invita a difundir la paz de Dios en el mundo. Por tanto, el compromiso de la Iglesia y de las religiones es aquel de cumplir una purificación de estas tentaciones, iluminar las conciencias y hacer de tal manera que cada uno tenga una imagen clara de Dios. Debemos respetarnos unos a los otros. Cada uno es imagen de Dios y debemos respetarnos recíprocamente. El mensaje fundamental de la religión debe estar contra la violencia, que es una falsificación como el fundamentalismo, debe ser la educación, la iluminación y la purificación de las conciencias, para favorecer el dialogo, la reconciliación y la paz. 

p. En el contexto de la ola de deseo de democracia, que se ha puesto en marcha en muchos países de Oriente Medio con la llamada "primavera árabe", teniendo en cuenta la realidad social en la mayoría de estos países, donde los cristianos son una minoría, ¿no hay el riesgo de una tensión inevitable entre el dominio de la mayoría y la supervivencia del cristianismo?

r. De por sí, la primavera árabe es una cosa positiva: un deseo de mayor democracia, mayor libertad, mayor cooperación y de una renovada identidad árabe. Este grito de la libertad que viene de una juventud más formada cultural y profesionalmente, que desea una mayor participación en la vida política y social es un progreso, una cosa muy positiva y que esta bien acogida también por nosotros los cristianos. Naturalmente sabemos, pensando en la historia de las revoluciones, que el grito de libertad tan importante y positivo, corre el riesgo de olvidar un aspecto, una dimensión fundamental de la libertad, que es la tolerancia del otro, el hecho de que la libertad humana es siempre una libertad compartida, y que solo puede crecer en la solidaridad, en el vivir juntos con determinadas reglas. Esto es siempre un peligro, también en este caso. Tenemos que hacer todo lo posible para que el concepto de libertad, el deseo de libertad vaya en la justa libertad y no olvide la tolerancia, la reconciliación que son elementos fundamentales de la libertad. De esta manera también la Primavera Árabe, necesita una renovación de la historia milenaria. Los cristianos y los árabes han construido estas tierras y han de vivir juntos. Creo, que es importante ver los elementos positivos de estos movimientos y hacer todo lo posible para que la libertad sea concebida correctamente y responda a un mayor dialogo y no al dominio de unos contra otros. 

p. Santo Padre, en Siria, como hace algún tiempo en Iraq, muchos cristianos se sienten obligados a dejar su país de mala gana. ¿Qué va a hacer o decir la Iglesia católica para ayudar en esta situación y para frenar la fuga de los cristianos en Siria y en otros países de Oriente Medio?

r. Debo decir ante todo que no solo los cristianos huyen, también huyen los musulmanes. El peligro que los cristianos se alejen de estas tierras y pierdan su presencia es grande y nosotros debemos hacer todo lo posible para ayudarles a que se queden. La ayuda esencial sería el fin de las guerras y de las violencias, que crean estos éxodos. Por tanto, es necesario interrumpir las violencias y favorecer la posibilidad de que permanezcan todos juntos también en el futuro. ¿Qué podemos hacer contra la guerra? Naturalmente difundir siempre el mensaje de la paz, aclarar que la violencia no resuelve nunca un problema y reforzar las fuerzas de la paz. Es importante en este sentido el trabajo de los periodistas, que pueden ayudar mucho mostrando como la violencia destruye, no construye, no es útil para nadie. Es necesario rezar por Oriente Medio, por los cristianos y musulmanes mostrando la posibilidad de diálogo y de soluciones. Debe cesar la importación de armas: sin armas la guerra no podría continuar. En vez de importar las armas, que es un pecado grave, deberíamos importar las ideas, la paz, la creatividad, aceptar a los otros en la diversidad. Hacer visible el respeto de las religiones unas hacia las otras, el respeto del hombre como criatura de Dios, el amor del prójimo como elemento fundamental para todas las religiones. Es necesario promover todos los gestos posibles, también materiales, para favorecer el fin de la guerra y de la violencia, de modo que todos puedan reconstruir el país. 

p. Santo Padre, usted trae una exhortación apostólica dirigida a todos los cristianos de Oriente Medio. Hoy ésta es una población que sufre. Además de la oración y de los sentimientos de solidaridad, ¿Usted ve pasos concretos que las Iglesias y los católicos de Occidente, especialmente en Europa y Estados Unidos, pueden hacer para apoyar a los hermanos de Oriente Medio? 

r. Debemos influir en la opinión pública. Debemos invitar a los políticos a comprometerse realmente con todas las fuerzas y con todas las posibilidades, a trabajar con creatividad por la paz y contra la violencia. Todos debemos contribuir en un cierto sentido en un trabajo de exhortación, de educación, de purificación, muy necesario de nuestra parte. Por otra parte, nuestras organizaciones caritativas debieran ayudar también de manera material. Tenemos organizaciones como los Caballeros del Santo Sepulcro, solo para Tierra Santa, pero podrían ayudar otras organizaciones material, política y humanamente en estos países. Una vez más digo que son necesarios gestos de solidaridad, días de oración, que pueden sensibilizar la opinión publica, tener efectos reales. Estamos convencidos que la oración tiene un efecto, si se hace con confianza y fe. 












(ER – RV)

BENEDICTO XVI YA ESTÁ EN LÍBANO























Después de poco más de tres horas de vuelo, en el avión que le llevó desde Roma, el Santo Padre llegó a la capital libanesa donde fue recibido con grandes honores, por el presidente de la República Michel Sleiman y su esposa, por el Patriarca Maronita, Su Beatitud Béchara Boutros Rai, y otras autoridades, así como por una multitudinaria y calurosa bienvenida, de numerosas personas que lo esperaban desde unas horas antes de que el avión aterrizara a la hora prevista, las 13 y 45 hora libanesa. 

Dirigiéndose a las máximas autoridades civiles y religiosas, Benedicto XVI expresó su gran alegría de responder a la invitación del presidente libanés a visitar el país, así como a la de los patriarcas y obispos católicos del Líbano. Doble invitación que manifiesta la doble finalidad de su visita: las excelentes relaciones existentes desde siempre entre el Líbano y la Santa Sede y la firma y entrega de la Exhortación apostólica postsinodal de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de Obispos. 

Tras evocar la bendición de la majestuosa imagen de san Marón, cuya «presencia silenciosa en la cabecera de la Basílica de San Pedro recuerda de manera permanente al Líbano, en el mismo lugar en el que fue sepultado el apóstol Pedro», Benedicto XVI destacó que «manifiesta una herencia espiritual de siglos, que confirma la veneración de los libaneses hacia el primero de los apóstoles y sus sucesores». Así como resulta agradable ver que san Marón, ‘desde el santuario petrino, intercede continuamente por su país y por todo Oriente Medio. (RV)’. 




jueves, 13 de septiembre de 2012

CADENA DE ORACIÓN POR EL VIAJE DEL PAPA A LÍBANO


















Ante el inminente VIAJE APOSTÓLICO del Santo Padre Benedicto XVI a Líbano os invitamos a participar en una cadena mundial de ORACIONES (Misas, Rosarios, Ayunos, Sacrificios, etc.) para que todo el viaje transcurra según los planes de Dios, que sea libre de todo mal y que su visita tenga los mejores frutos.




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¿QUIERES SEGUIR EN DIRECTO LA VISITA DE BENEDICTO XVI AL LÍBANO?