Páginas

lunes, 18 de junio de 2012

MENSAJE DEL PAPA CON MOTIVO DE LA CLAUSURA DEL 50º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL



Concluyó la tarde del domingo 17 de junio en Dublín, Irlanda, el 50° Congreso Eucarístico Internacional sobre el tema: “La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros”, evento eclesial que Benedicto XVI había definido el miércoles pasado “una valiosa ocasión para reafirmar la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia”. 

Texto completo del videomensaje del Santo Padre: 

Queridos hermanos y hermanas: Con gran afecto en el Señor, saludo a todos los que os habéis reunido en Dublín para el 50 Congreso Eucarístico Internacional, en especial al Señor Cardenal Brady, al Señor Arzobispo Martin, al clero, a las personas consagradas, a los fieles de Irlanda y a todos los que habéis venido desde lejos para apoyar a la Iglesia en Irlanda con vuestra presencia y vuestras oraciones. 

El tema del Congreso – «La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros» – nos lleva a reflexionar sobre la Iglesia como misterio de comunión con el Señor y con todos los miembros de su cuerpo. Desde los primeros tiempos, la noción de koinonia o communio ha sido central en la comprensión que la Iglesia ha tenido de sí misma, de su relación con Cristo, su Fundador, y de los sacramentos que celebra, sobre todo la Eucaristía. Mediante el Bautismo, se nos incorpora a la muerte de Cristo, renaciendo en la gran familia de los hermanos y hermanas de Jesucristo; por la Confirmación recibimos el sello del Espíritu Santo y, por nuestra participación en la Eucaristía, entramos en comunión con Cristo y se hace visible en la tierra la comunión con los demás. Recibimos también la prenda de la vida eterna futura. 

El Congreso tiene lugar en un momento en el que la Iglesia se prepara en todo el mundo para celebrar el Año de la Fe, para conmemorar el quincuagésimo aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, un acontecimiento que puso en marcha la más amplia renovación del rito romano que jamás se haya conocido. Basado en un examen profundo de las fuentes de la liturgia, el Concilio promovió la participación plena y activa de los fieles en el sacrificio eucarístico. Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido, y a la luz de la experiencia de la Iglesia universal en este periodo, es evidente que los deseos de los Padres Conciliares sobre la renovación litúrgica se han logrado en gran parte, pero es igualmente claro que ha habido muchos malentendidos e irregularidades. La renovación de las formas externas querida por los Padres Conciliares se pensó para que fuera más fácil entrar en la profundidad interior del misterio. Su verdadero propósito era llevar a las personas a un encuentro personal con el Señor, presente en la Eucaristía, y por tanto con el Dios vivo, para que a través de este contacto con el amor de Cristo, pudiera crecer también el amor de sus hermanos y hermanas entre sí. Sin embargo, la revisión de las formas litúrgicas se ha quedado con cierta frecuencia en un nivel externo, y la «participación activa» se ha confundido con la mera actividad externa. Por tanto, queda todavía mucho por hacer en el camino de la renovación litúrgica real. En un mundo que ha cambiado, y cada vez más obsesionado con las cosas materiales, debemos aprender a reconocer de nuevo la presencia misteriosa del Señor resucitado, el único que puede dar amplitud y profundidad a nuestra vida. 


La Eucaristía es el culto de toda la Iglesia, pero requiere igualmente el pleno compromiso de cada cristiano en la misión de la Iglesia; implica una llamada a ser pueblo santo de Dios, pero también a la santidad personal; se ha de celebrar con gran alegría y sencillez, pero también tan digna y reverentemente como sea posible; nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados, pero también a perdonar a nuestros hermanos y hermanas; nos une en el Espíritu, pero también nos da el mandato del mismo Espíritu de llevar la Buena Nueva de la salvación a otros. 

Por otra parte, la Eucaristía es el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz; su cuerpo y su sangre instauran la nueva y eterna Alianza para el perdón de los pecados y la transformación del mundo. Durante siglos, Irlanda ha sido forjada en lo más hondo por la santa Misa y por la fuerza de su gracia, así como por las generaciones de monjes, mártires y misioneros que han vivido heroicamente la fe en el país y difundido la Buena Nueva del amor de Dios y el perdón más allá de sus costos. Sois los herederos de una Iglesia que ha sido una fuerza poderosa para el bien del mundo, y que ha llevado un amor profundo y duradero a Cristo y a su bienaventurada Madre a muchos, a muchos otros. Vuestros antepasados en la Iglesia en Irlanda supieron cómo esforzarse por la santidad y la constancia en su vida personal, cómo proclamar el gozo que proviene del Evangelio, cómo inculcar la importancia de pertenecer a la Iglesia universal, en comunión con la Sede de Pedro, y la forma de transmitir el amor a la fe y la virtud cristiana a otras generaciones. Nuestra fe católica, imbuida de un sentido radical de la presencia de Dios, fascinada por la belleza de su creación que nos rodea y purificada por la penitencia personal y la conciencia del perdón de Dios, es un legado que sin duda se perfecciona y se alimenta cuando se lleva regularmente al altar del Señor en el sacrificio de la Misa. La gratitud y la alegría por una historia tan grande de fe y de amor se han visto recientemente conmocionados de una manera terrible al salir a la luz los pecados cometidos por sacerdotes y personas consagradas contra personas confiadas a sus cuidados. En lugar de mostrarles el camino hacia Cristo, hacia Dios, en lugar de dar testimonio de su bondad, abusaron de ellos, socavando la credibilidad del mensaje de la Iglesia. ¿Cómo se explica el que personas que reciben regularmente el cuerpo del Señor y confiesan sus pecados en el sacramento de la penitencia hayan pecado de esta manera? Sigue siendo un misterio. Pero, evidentemente, su cristianismo no estaba alimentado por el encuentro gozoso con Cristo: se había convertido en una mera cuestión de hábito. El esfuerzo del Concilio estaba orientado a superar esta forma de cristianismo y a redescubrir la fe como una amistad personal profunda con la bondad de Jesucristo. El Congreso Eucarístico tiene un objetivo similar. Aquí queremos encontrarnos con el Señor resucitado. Le pedimos que nos llegue hasta lo más hondo. Que al igual que sopló sobre los Apóstoles en la Pascua infundiéndoles su Espíritu, derrame también sobre nosotros su aliento, la fuerza del Espíritu Santo, y así nos ayude a ser verdaderos testigos de su amor, testigos de la verdad. Su verdad es su amor. El amor de Cristo es la verdad. 

Mis queridos hermanos y hermanas, ruego que el Congreso sea para cada uno de vosotros una experiencia espiritualmente fecunda de comunión con Cristo y su Iglesia. Al mismo tiempo, me gustaría invitaros a uniros a mí en la oración, para que Dios bendiga el próximo Congreso Eucarístico Internacional, que tendrá lugar en 2016 en la ciudad de Cebú. Envío un caluroso saludo al pueblo de Filipinas, asegurando mi cercanía en la oración durante el periodo de preparación a este gran encuentro eclesial. Estoy seguro de que aportará una renovación espiritual duradera, no sólo a ellos, sino también a todos los participantes del mundo entero. Ahora, encomiendo a todos los participantes en este Congreso a la protección amorosa de María, Madre de Dios, y a san Patricio, el gran Patrón de Irlanda, a la vez que, como muestra de gozo y paz en el Señor, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.












(María Fernanda Bernasconi – RV)

23 PERSONAS INTERROGADAS POR LOS "VATILEAKS"

EL VATICANO CONDENA LOS ATAQUES CONTRA IGLESIAS CRISTIANAS DE NIGERIA

EL PAPA RECIBE AL NUEVO EMBAJADOR DE ESPAÑA ANTE EL VATICANO

PROGRAMA TV "CARA A CARA" - ÚLTIMA EMISIÓN

domingo, 17 de junio de 2012

FIESTA DÍA DEL PADRE EN AMÉRICA LATINA Y ESTADOS UNIDOS













Tanto en Estados Unidos como en América Latina el Día del Padre se celebra el tercer domingo de junio. 

En España y en casi la mayoría de los países de tradición católica, el día del padre es el 19 de marzo con motivo de la conmemoración de San José, el padre de Jesús.

Sorprende la diferencia de fechas y el origen, ya que la la fiesta del "Día del Padre" que celebran hoy en muchos países surge el 19 de junio de 1909 en Estados Unidos cuando una mujer llamada Sonora Smart Dodd quiso homenajear a su padre, Henry Jackson Smart. Este veterano de la guerra civil se convirtió en viudo cuando su esposa (la madre de Sonora Smart Dodd) murió en el parto de su sexto hijo.

Fue en una granja rural en el estado de Washington en donde Henry Jackson se hizo cargo de la educación de seis niños. Sonora Smart descubrió que su padre había sido todo un ejemplo a seguir. Ya adulta, Sonora vio en su padre un hombre valeroso, cariñoso y desinteresado, que había realizado todo tipo de sacrificios para sacar adelante a su familia. Debido a que su padre había nacido en junio, Sonora escogió el 19 de junio de 1910 como fecha para celebrar el Día del Padre en honor al suyo.

Fue en el año de 1909 cuando la Sonora Dodd hizo esta propuesta sin obtener buenas noticias y fue hasta el 19 de junio de 1910 en Spokane, Washington cuando se celebró por primera vez el día del padre en el mundo.

La idea de instituir un Día del Padre fue acogida con aclamación por muchas personas en diversos condados y ciudades, y no fue hasta 1924 cuando el presidente Calvin Coolidge respaldó la idea de establecer un día nacional del padre. Finalmente en 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como día del padre en los Estados Unidos.

La mayoría de países del continente americano se sumaron también a dicho festejo. Por eso, coincidiendo con la fecha adoptada por Estados Unidos, se celebra el tercer domingo de junio en muchos países americanos, como Argentina, Bahamas, Puerto Rico Canadá, Chile, Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú, Costa Rica, Cuba, Jamaica y Guyana. Dicha celebración se ha extendido también a países asiáticos como Bangladesh, China, Hong Kong, India, Japón, Filipinas, Malasia, Pakistán, y europeos, como Chipre, Francia, Grecia, Suiza , Irlanda, Malta, Países Bajos y Bulgaria, Sudáfrica y Zimbabue. Hasta el continente del África llegó la influencia de amor de Sonora Smart Dodd, quien creyó firmemente que todos los padres como el suyo merecían una fecha especial de celebración y conmemoración.





.

ANGELUS (TEXTO EN ESPAÑOL)



“La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, porque expresa el misterio del Reino de Dios” dijo el Sucesor de Pedro en su alocución previa a la oración dominical del Ángelus, que rezó con los peregrinos reunidos bajo un sol intenso en la Plaza de san Pedro, desde la ventana de su estudio. 

“El crecimiento que se produce gracias a un dinamismo propio de la semilla misma, y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce” ayudan a la claridad del mensaje expresó Benedicto: “El Reino de Dios, si bien exige nuestra colaboración, es sobre todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente frente a los problemas del mundo, crece con aquella de Dios que no teme obstáculos, porque es cierta la victoria del Señor. Es el milagro del amor de Dios que hace germinar y crecer cada semilla de bien esparcido sobre la tierra”. 

De la semilla al árbol frondoso 

En su saludo a los peregrinos de lengua española el Papa expresó que el Señor nos nuestra que el Reino de Dios es como una semilla que, aunque al principio parece pequeña, está llamada a crecer y desarrollarse hasta convertirse en un árbol frondoso.

Texto completo del saludo del Papa en español 

“Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En el evangelio de este domingo, el Señor nos ha mostrado que el Reino de Dios es como una semilla que, aunque al principio puede parecer pequeña, sin embargo está llamada a crecer y a desarrollarse hasta convertirse en un árbol frondoso. Así también, que la vida de gracia y amor de Dios, sembrada en nuestra alma con el bautismo, y alimentada con la escucha de la palabra de Dios, la participación en los sacramentos y la oración constante, crezca continuamente y llegue a madurar en frutos abundantes de fe, esperanza y caridad. Muchas gracias y feliz domingo” (jesuita Guillermo Ortiz-RV)

Palabras anteriores al rezo del ángelus 

Queridos hermanos y hermanas,

La liturgia de hoy nos ofrece dos breves parábolas de Jesús: la de la semilla que crece por sí misma y la de la semilla de mostaza (cfr Mc 4,26-34). A través de imágenes del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del Reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y nuestro compromiso. 

En la primera parábola, la atención se centra en el dinamismo de la siembra: la semilla que se echa en el suelo, tanto si el agricultor duerme, como si está despierto, sigue creciendo y germinando por su cuenta. El hombre siembra con la confianza de que su trabajo no será infructuoso. Lo que sostiene al agricultor en sus fatigas diarias es, precisamente, la confianza en la fuerza de la semilla y en la bondad de la tierra. Esta parábola recuerda el misterio de la creación y la redención, de la obra fecunda de Dios en la historia. Es Él el Señor del Reino, el hombre es su humilde colaborador, que contempla y disfruta de la acción creadora divina y espera pacientemente sus frutos. La cosecha final nos hace pensar en la intervención conclusiva de Dios al final de los tiempos, cuando Él realizará plenamente su Reino. El tiempo presente es el tiempo de la siembra, y el crecimiento de la semilla está asegurado por el Señor. Todo cristiano, por lo tanto, sabe muy bien que debe hacer todo lo posible, pero que el resultado final depende de Dios: esta conciencia lo sostiene en la fatiga cotidiana, especialmente en situaciones difíciles. En este contexto - escribe san Ignacio de Loyola: "Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo muy bien que, en realidad, todo depende de Dios." (cfr Pedro de Ribadeneira, Vida de San Ignacio de Loyola, Milán, 1998).

También la segunda parábola utiliza la imagen de la semilla. Aquí, sin embargo, se trata de una semilla específica, el grano de mostaza, considerada la semilla más pequeña de todas las semillas. A pesar de lo pequeño, sin embargo, está llena de vida, desde su despedazarse nace un brote capaz de romper el terreno, de salir a la luz del sol y de crecer hasta convertirse en " la más grande de todas las hortalizas " (cfr Mc 4,32): la debilidad es la fuerza de la semilla, el despedazarse es su poder. Así es el Reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por los que no tienen confianza en su propia fuerza, sino en la del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; y, sin embargo, precisamente a través de ellos irrumpe el poder de Cristo y transforma lo que aparentemente es insignificante. La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, porque expresa muy bien el misterio del Reino de Dios. En las dos parábolas de hoy, representa un "crecimiento" y "contraste": el crecimiento que se produce gracias a un dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el Reino de Dios - aun si exige nuestra colaboración - es, ante todo, don del Señor, la gracia que precede al hombre y sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se inmerge en la de Dios, no teme ningún obstáculo, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, el que hace germinar y crecer cada semilla de bien esparcida en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, de los sufrimientos y del mal que encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. Que la Virgen María, que acogió como "tierra buena" la semilla de la Palabra de Dios, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza (Traducción: Cecilia de Malak-RV) 

Palabras dle Papa después del Ángelus 

Como es tradicional, el Santo Padre manifestó también este domingo su cercanía de Pastor Universal a los que sufren. En particular hoy, después del rezo a la Madre de Dios, el Papa recordó la próxima Jornada Mundial del Refugiado, el miércoles, 20 de junio, promovida por Naciones Unidas: 

«Quiero llamar la atención de la comunidad internacional sobre las condiciones de tantas personas, especialmente de familias, forzadas a huir de sus propias tierras, porque amenazadas por los conflictos armados y por graves formas de violencia. Aseguro mi oración y la constante preocupación de la Santa Sede, por estos hermanos y hermanas, al tiempo que espero que sus derechos sean respetados siempre y que pronto puedan reunificarse con sus seres queridos. 

Asimismo, Benedicto XVI invitó a encomendarle a la Virgen María, los frutos del Congreso Eucarístico Internacional de Dublín: 

Hoy en día, en Irlanda, se celebra la clausura del Congreso Eucarístico Internacional, que esta semana hizo de Dublín, la ciudad de la Eucaristía, donde numerosas personas se han recogido en oración, ante la presencia de Cristo en el Sacramento del altar. En el misterio de la Eucaristía, Jesús quiso quedarse con nosotros, para que podamos estar en comunión con Él y entre nosotros. Encomendemos a María Santísima los frutos que han madurado en estos días de reflexión y oración. 

En sus saludos en lengua polaca, Benedicto XVI hizo hincapié en que en los últimos días, la Iglesia celebró la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. El Santo Padre deseó a todos los polacos que aprendan del Divino Corazón de Jesús, que rebosa de bondad y de amor, la sensibilidad a las necesidades de los demás, especialmente de los que son débiles y probados por el sufrimiento. Con el anhelo que a partir de este corazón, que es soberano y centro de todos los corazones, sepan también sacar la fuerza para construir relaciones fraternales en las familias y en los lugares de trabajo 

Con alegría, el Santo Padre quiso recordar la beatificación de Cecilia Eusepi, este domingo por la tarde en la localidad italiana de Nepi, en la diócesis de Civita Castellana. Y destacó la figura de esta joven, que murió a la edad de 18 años, que anhelaba ser una monja misionera, pero que se vio obligada a dejar el convento a causa de la enfermedad, que vivió con una fe inquebrantable, demostrando gran capacidad de sacrificio por la salvación de las almas, en íntima unión con Cristo.











RV