jueves, 28 de abril de 2011

DETALLES DEL MILAGRO ATRIBUIDO A JUAN PABLO II














Dos meses después de la muerte del papa, una noche de junio de 2005 una monja francesa de apenas 46 años, diagnosticada de párkinson desde un lustro antes, sintió que la enfermedad le consumía la vida. Cuando llegó a su habitación, una voz le pidió que tratara de escribir de nuevo el nombre de Juan Pablo II. La monja lo escribió a duras penas, se durmió y a las cuatro y media de la madrugada se despertó con una sensación “muy fuerte”.


La hermana Marie Simon-Pierre sufría al ver a Juan Pablo II en televisión en los últimos años de su vida. El cuerpo de aquel anciano que temblaba por el párkinson y que a duras penas lograba levantar la vista le anticipaba los sufrimientos que la religiosa de las Hermanitas de las Maternidades Católicas iba a padecer. Sor Marie también tenía párkinson.



La única diferencia era que ella sólo tenía 40 años cuando comenzaron sus temblores en 2001. En los siguientes cuatro años, su precoz trastorno neurodegenerativo galopó sin tregua por su cerebro. A principios de 2005, sor Marie a duras penas podía caminar y su brazo izquierdo colgaba inerte de su cuerpo. Ya no le hacía falta ver la agonía de Juan Pablo II para saber que su universo inmediato era una silla de ruedas y una larga vida de pesar.



El mismo día de la muerte del papa, sor Marie Simon- Pierre le pidió que intercediera ante Dios para que se obrara en ella el milagro de curar su párkinson. Pero nada ocurrió. Incluso sus síntomas se agravaron y el brazo derecho y la pierna izquierda estaban “fuera de control”.



El 1 de junio de 2005, la monja sintió que se consumía por el cansancio que le producía el párkinson y pidió a su superiora ser relevada de sus pocas obligaciones para retirarse a descansar, pero la madre le negó el permiso y sólo consintió en que se retirara cuando escribiera en un papel las palabras “Juan Pablo II”.



El esfuerzo de sor Marie fue increíble, y sólo a duras penas, y con una letra ilegible, consiguió sujetar durante unos segundos el lápiz para escribir “unos garabatos”.



Entonces, cuando llegó hasta su celda, escuchó una voz que la conminaba a volver a escribir el nombre del papa polaco. Sor Marie recordará siempre que se sintió “extraña, sobre todo porque me pareció que mi letra había mejorado”. Y se durmió.



A las cuatro y media de la madrugada, sor Marie se despertó con “una sensación extraña, muy fuerte; una sensación imposible de explicar; algo demasiado grande, como un misterio. Sentía que mi cuerpo estaba transformado por entero. Tenía el convencimiento de que estaba curada por completo”. Entonces, sor Marie se levantó, tomó un bolígrafo y un trozo de papel y escribió el nombre de Juan Pablo II con buena letra. Entonces se fue a buscar a otra monja que le servía de asistente y le dijo: “Hermana, mire; ya no tiemblo”. Y sor Marie añadió: “Juan Pablo II me ha curado”.



Las hermanitas llevaron a sor Marie a su neurólogo, quien le preguntó si se había tomado más dosis de dopamina (hormona que funciona como neurotransmisor) de la recetada. La monja recuerda que “cuando le contesté que no, que había suspendido por completo la medicación, aquel doctor se quedó sin habla; no se lo podía creer”.



La noticia llegó al arzobispo de Arles, quien ordenó a la congregación que guardara silencio acerca de lo ocurrido. Sor Marie jamás volvió a repetir que su curación había sido un milagro, sino que “estaba enferma y ahora estoy curada; determinar si es un milagro, o no lo es no me compete a mí, sino que es algo que deberá decidir la Iglesia”.



Y la Iglesia fue. El 29 de marzo de 2006, el arzobispo de Arles, Claude Feidt, remitió un comunicado oficial por el que ordenaba una investigación completa de la supuesta curación milagrosa de la monja francesa. Durante un año entero, el postulador de la causa de beatificación de Juan Pablo II, monseñor Slawomir Oder, mandó que se recogieran todas las pruebas médicas y que se tomara declaración a teólogos, canonistas, al equipo médico que la trató, a especialistas mundiales en enfermedades neurodegenerativas, psiquiatras y hasta a un experto calígrafo para que determinara que los garabatos guardados por la superiora desde la noche del milagro eran de sor Marie.



Durante los siguientes cuatro años, el caso de la monja (que hoy sirve en la maternidad de Sainte-Félicité en París) pasó por varias comisiones médicas de estudio que trataron de refutar la posibilidad de que aquello fuera un milagro.



De las tres condiciones que debe cumplir una sanación para que pueda ser considerada como milagrosa: que sea inmediata, completa y duradera; varios médicos mostraron ciertos reparos a certificar que la curación fuera duradera por el escaso tiempo transcurrido.



Sin embargo, casi cinco años después de aquella noche de junio de 2005, cuando otros 200 supuestos milagros se agolpaban en la mesa del postulador para su estudio, los médicos concluyeron al fin que la sanación de sor Marie por la supuesta intercesión de Juan Pablo II estaba más allá de cualquier explicación científica.







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