lunes, 25 de abril de 2011

REZO Y MENSAJE DE BENEDICTO XVI DESDE CASTEL GANDOLFO



 
El Santo Padre ha recordado la jornada nacional en favor de los niños víctimas de la violencia, la explotación y la indiferencia. Una Jornada que se celebra hoy en Italia patrocinada por la Asociación “Meter” y a cuyos miembros el Papa ha exhortado a continuar con la obra de prevención y sensibilización de las conciencias junto a varias agencias educativas. De forma particular el Papa ha recordado a las parroquias, a los oratorios y las demás realidades eclesiales que se dedican con generosidad a la formación de las nuevas generaciones.


Benedicto XVI, que desde ayer por la tarde se encuentra en el palacio Apostólico de Castel Gandolfo, tras haber presidido todas las celebraciones de la Semana Santa ha dirigido hoy el rezo pascual del Regina Coeli desde el balcón del patio de la residencia estiva para los fieles congregados en el mismo. El Pontífice ha comenzado su breve alocución previa a la plegaria mariana exclamando ¡El Señor verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!. La resurrección del Señor marca la renovación de nuestra condición humana:


 “Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado, y nos lleva de nuevo a la vida inmortal. De este acontecimiento se desprende la enteral vida de la Iglesia y la existencia misma de nosotros cristianos. Lo leemos, precisamente hoy, Lunes del Ángel, en el primer discurso de misionero de la Iglesia naciente: “A este Jesús – proclama el apóstol Pedro – lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”. Exaltado, pues, por la diestra de dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado, como vosotros mismos estáis viendo y oyendo” (Hch 2,32-33)


Uno de los signos característicos de la fe en la Resurrección -ha proseguido diciendo Benedicto XVI – es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado del antiguo himno litúrgico: ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Es una profesión de fe y un compromiso de vida, propio como a ocurrido a las mujeres descritas en el Evangelio de san Mateo: “”De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”.


Y ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies” Entonces Jesús les dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (28,9-10). Seguidamente el Santo Padre ha aludido a Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi del Siervo de Dios Pablo VI en la que recuerda la misión que toda la Iglesia recibe de evangelizar y que la obra de cada uno es importante para el todo. Y a este punto Benedicto XVI se ha preguntado ¿De qué manera podemos encontrar al Señor y convertirnos cada vez más auténticos testigos suyos?

San Máximo de Turín afirma: “Cualquiera que desee alcanzar al Salvador, lo primero es ponerlo en la propia fe a la diestra de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos” (Sermon XXXIX a, 3: CCL 23, 157), debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia la altura de Dios, donde está Cristo resucitado. 


 En la oración, en la adoración, pues, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que, “la adoración no es cualquier cosa de accesorio, secundario... se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro, sencillo y santo” (La Pasqua, Meditazioni, Brescia 1995, 62). Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podremos descubrir el significado más profundo de nuestra vida, y el camino cotidiano queda iluminado por la luz del Resucitado.


Benedicto XVI ha finalizado su alocución previa a la plegaria mariana recordando que hoy la Iglesia, en Oriente y en Occidente celebra san Marcos evangelista, sabio anunciador del verbo y escritor de las doctrinas de cristo – como antiguamente se le definía. También él es el Patrono de la ciudad de Venecia, donde, Dios mediante, me trasladaré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno.


Después del rezo del Regina Coeli el Papa ha saludado en varias lenguas este ha sido el saludo en español:

 Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Que no deje de resonar en el mundo y en la Iglesia la alegre noticia de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Que la paz, que nace del triunfo del Señor sobre el pecado, se extienda por toda la tierra, en particular por aquellas regiones que más la necesitan. Que la claridad victoriosa de su semblante ilumine vuestras vidas, vuestras familias y vuestras ciudades, y fortalezca también vuestros corazones con la esperanza de la salvación que Cristo nos ha ganado con su pasión gloriosa. Feliz Pascua a todos.

TEXTO COMPLETO

! Queridos hermanos y hermanas ¡

Surrexit Dominus vere! Alleluja! La Resurrección del Señor signa una renovación de nuestra condición humana. Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado y nos lleva nuevamente a la vida inmortal. De este evento brota toda la vida de la Iglesia y la existencia misma de los cristianos. Lo leemos precisamente hoy: Lunes del Ángel, en el primer discurso misionero de la Iglesia naciente: “A este Jesús- proclama el apóstol Pedro- Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen” (Hech. 2, 32-33). Uno de los signos característicos de la fe en la resurrección es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado en el antiguo himno litúrgico: “¡Cristo ha resucitado!/ ¡ Verdaderamente, ha resucitado¡”. Es una profesión de fe y un compromiso de vida, tal como ocurrió a las mujeres descritas en el Evangelio de San Mateo: “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" (Mt 28, 9-10). “Toda la Iglesia –escribe el Siervo de Dios Pablo VI- recibe la misión de evangelizar, y la obra de cada uno es importante para el todo. Esta queda como un signo junto a lo opaco y luminoso de una nueva presencia de Jesús, de su partida y de su permanencia. Esta la prolonga y lo continúa” (Exhort. Apost. Evangelii Nuntiandi, 8 diciembre 1975, 15: AAS 68, 14)

¿De qué manera podemos encontrar al Señor y hacernos cada vez más sus auténticos testigos? San Máximo de Turín afirma: “Quien quiere alcanzar al Salvador, primero lo debe poner con la propia fe a la derecha de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos”, por lo tanto, debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia lo alto de Dios, donde Cristo ha resucitado. Entonces, en la oración, en la adoración, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que “la adoración no es como un accesorio, secundaria….se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro y simple, y santo”. Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podemos descubrir el significado más profundo de nuestra vida y el camino cotidiano es iluminado por la luz del Resucitado.

Queridos amigos, la Iglesia, en Oriente y en Occidente, hoy festeja a San Marcos evangelista, sabio anunciador del Verbo y escritor de las doctrinas de Cristo –como era definido en la antigüedad. Él es también patrono de la ciudad de Venecia, adonde, si Dios quiere, iré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno de nosotros.

 

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