lunes, 10 de enero de 2011

ÉXITO DEL LIBRO "EVANGELIZAR" DE MONSEÑOR FERNANDO SEBASTIÁN









































Pocas semanas después de su publicación, prácticamente se ha agotado la primera edición del libro "Evangelizar" de monseñor Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, publicado por Ediciones Encuentro (Madrid).


El libro se ha publicado mientras Benedicto XVI está impulsando una pastoral de evangelización en los países descristianizados de Occidente para lo que ha creado incluso un dicasterio vaticano dedicado precisamente a "la promoción de la Nueva Evangelización"


La obra es uno de los estudios sistemáticos de la pastoral de evangelización más completo publicado hasta ahora.
"Siempre es tiempo de evangelización -explica monseñor Sebastián--. Siempre es el tiempo del primer anuncio. Dios nos da el don de la fe de una vez para siempre, pero nosotros tenemos que renovarla cada mañana. Consciente de mis limitaciones, ofrezco estas páginas a cuantos sienten la inquietud de descubrir los nuevos caminos de la evangelización, aquí, en España, en estos momentos de prueba y en los años venideros que no serán mucho mejores".


El autor dedica un primer capítulo a la historia de esta iniciativa desde los tiempos de Pablo VI, como precursor, hasta Benedicto XVI, pasando por Juan Pablo II.


En un segundo capítulo examina las características de una pastoral de evangelización, que el antiguo arzobispo navarro entiende centrada en la fe: la de los que nunca creyeron en serio, de quienes la perdieron, o de quienes creen pero tienen una fe débil y enferma.


En el siguiente capítulo monseñor Sebastián trata de responder a la pregunta de por qué se ha producido en los países occidentales una apostasía generalizada de las convicciones cristinas.


En el cuarto capítulo analiza el autor las relaciones mutuas entre la fe y la cultura, llamando la atención cómo los cambios culturales, como ahora ocurre, provocan crisis de fe generalizadas.


Pero monseñor Sebastián no se detiene sólo en un lúcido diagnóstico, sino que también delinea los modos y los agentes --pastores y fieles-- que han de llevar a cabo la nueva evangelización, a la que ha de acompañar de forma inseparables, según el arzobispo emérito de Pamplona, una verdadera conversión cristiana, pues la evangelización siempre ha requerido una comprensión del mensaje y una libertad en el anuncio que sólo alcanzan los verdaderos siervos de Dios: los santos.


El capítulo sexto está dedicado al contenido del anuncio. Para evangelizar hay que anunciar de forma comprensible y convincente el núcleo del cristianismo, y es preciso realizarlo teniendo en cuenta la mentalidad desde la cual los hombres y mujeres de hoy van a recibir este anuncio. No es lo mismo anunciar el evangelio a quien no lo ha oído nunca que hacerlo a quienes lo han escuchado y lo han rechazado, influenciados por el laicismo o secularismo dominante, por inútil o incompatible con el verdadero desarrollo y la felicidad de los hombres. Para evangelizar hace falta santidad, ciencia y paciencia, sentencia monseñor Sebastián.


Un nuevo capítulo se decida a los instrumentos más importantes para evangelizar, entre los que destaca dar más atención a la formación de los catecúmenos, de los candidatos. La acción santificadora del Espíritu y del Señor por medio de los sacramentos está asegurada, lo que falla con frecuencia, según monseñor Sebastián, son las disposiciones de los sujetos, es decir la fe de quienes van a recibir o han recibido el bautismo, la fe y la conversión de quienes reciben la confirmación, participan en la eucaristía o contraen matrimonio ante Dios y ante la Iglesia. La iniciación cristiana, el catecumenado, la preparación adecuada para recibir los sacramentos es por esto uno de los puntos más recomendados por el autor.


El libro a la par que mira a la superación de la secularización interna en la comunidad cristiana, presenta también sugerencias para poder llegar con el anuncio del Evangelio a quienes están alejados de la Iglesia, a los que ha de salir a buscar y entra en el terreno de la incredulidad y del laicismo.


El libro concluye con una proclamación de la esperanza en una Iglesia siempre renovada y siempre joven.

Fuente: Zenit

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