jueves, 18 de agosto de 2011

LOS ACOMPAÑANTES DEL PAPA















Un total de 86 personas, 34 funcionarios y 52 periodistas, acompañan al Santo Padre, un equipo selecto capaz de asegurar totalmente su travesía: la seguridad, la atención médica y la información al mundo


Al comienzo de cada viaje, el Papa es el último pasajero que sube al avión, donde su séquito y los periodistas están ya sentados de antemano. A partir de ese momento, el «Vaticano volante» toma el relevo como centro neurálgico de gobierno de la Iglesia.


Los viajes internacionales siguen un programa milimetrado, con un equipo selecto capaz de asegurar todas las funciones vitales: la seguridad, la atención médica y la información al mundo a través de los periodistas.


Para disminuir el esfuerzo del Papa, su avión despegará mañana del aeropuerto de Ciampino, situado a sólo nueve kilómetros de la residencia veraniega de Castel Gandolfo. Volar con el Papa significa someterse a controles especiales como el registro manual de maletas que requieren llegar con mucha antelación al aeropuerto, donde el avión espera en una zona de seguridad.


Todo preparado para el despegue

En este viaje acompañan al Papa un total de 86 personas: 34 funcionarios del Vaticano y 52 periodistas, incluida la decana de los vaticanistas, Paloma Gómez Borrero, quien mantiene el récord absoluto con más de 120 viajes papales, y este corresponsal de ABC, que va por la cuarentena.


Media hora después del despegue comienza el encuentro informativo en que el Papa responde a algunas de las preguntas que los periodistas le han enviado de antemano. Benedicto XVI aborda en 15 ó 20 minutos los cinco o seis temas de mayor interés, yendo absolutamente al grano y sin pérdidas de tiempo.


Terminado el encuentro, la parte posterior del Airbus A 320 «Cittá di Fiumicino-George Bizet» se convertirá en una improvisada sala de redacción en la que todo el mundo prepara sus crónicas, revisa sus fotos, graba los «stand up» para las televisiones, etc. En los vuelos trasatlánticos se puede incluso transmitir las crónicas mediante el sistema telefónico vía satélite.


Muy bien acompañado

Cuando el avión papal entra en el espacio aéreo español aparece siempre la escolta de dos cazabombarderos F-18, un gesto de hospitalidad que crea inmediatamente a bordo un clima de simpatía por España. En cierto modo es como estar ya en casa, incluso a diez mil metros de altura.


Entre las 86 personas que acompañan al Papa figuran seis cardenales: Tarcisio Bertone, secretario de Estado; Marc Ouellet, prefecto de Obispos; Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, del que dependen las JMJ; y los tres purpurados españoles de la Curia vaticana: Antonio Cañizares, prefecto del Culto Divino, Julián Herranz y Eduardo Martínez Somalo.


El director de los viajes del Papa, Alberto Gasbarri, lleva tres años preparando el programa con la minuciosidad habitual. Es un caballero alto, que abre paso delante del Papa mientras que a su lado camina siempre el jefe de la Gendarmería Vaticana, Domenico Giani. La protección inmediata del Papa corresponde a cinco gendarmes vaticanos y dos guardias suizos -todos de riguroso traje negro-, rodeados por capas concéntricas de varios servicios de seguridad españoles.


El séquito incluye el médico personal del Papa, Patrizio Polisca, así como el discreto ayudante de cámara, Paolo Gabriele. Pero los españoles verán sobre todo a su secretario personal, Georg Gaenswein, un sacerdote alto y atlético que le acompaña en todo momento.


Tres años de preparativos

Los preparativos de este viaje han sido intensos a lo largo de tres años y han requerido numerosas visitas a Madrid para estudiar el terreno y mantener encuentros con las autoridades españolas y el comité organizador de la JMJ.


Cada recorrido se ha probado varias veces, y el libreto del viaje incluye los mínimos detalles, minuto a minuto, a lo largo de cuatro días. La seguridad, el protocolo y los enlaces televisivos por satélite requieren precisión absoluta. Pero, sobre todo, al equipo del Papa le gusta hacer las cosas bien. Con precisión germánica, puntualidad suiza y simpatía italiana.







ABC

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