miércoles, 17 de agosto de 2011

EN LA JMJ NINGÚN JOVEN SE SIENTE "BICHO RARO"




En nuestro país, Puerto Rico, los jóvenes ya no entran apenas en las iglesias. Cuando vamos a misa, nos sentimos un poco unos "bichos raros". Hoy, aquí en Madrid, nos sentimos fortalecidos en nuestra fe, nos damos cuenta de que no somos tan extraños en convivencia con jóvenes católicos de todo el planeta». Y que van a misa. Porque la que habla, la joven Luz Martínez que ha asistido a la JMJ de Madrid junto con sus amigas de la diócesis -de entre 16 y 22 años todas ellas- resume, sin saberlo, el sentir de miles de peregrinos que invaden el corazón de la capital desde este 16 de agosto.


Bajo un sol de justicia, las arterias adyacentes al Parque de Retiro y la Plaza de Cibeles bullen todo el día de cánticos litúrgicos, banderas multicolores e identificativas de nacionalidades y sentimientos múltiples. Desde Goya a la Puerta de Alcalá y la diosa Cibeles, en el centro de la metrópoli, las calles están tomadas literalmente por jóvenes católicos, venidos de todos los rincones del mundo. Por ejemplo, de Venezuela, como el padre diácono Jonathan Rodríguez, quien «comanda» a sus también escasos 30 años el grupo de jóvenes formado por Julio Ruiz (19 años), Kilber Rangel (de solo 16 años) o Rober Linares (de 29), entre otros muchachos. Él viene «guiado» por los jóvenes de su parroquia en Caracas; ellos, amantes del Papa, de su figura, arriban a la capital con el único deseo de conocer a su guía espiritual, Benedicto XVI, y sentir su mensaje, «a la vez que nos sirve para conocer la ciudad, bellísima, y compartir experiencias con gentes de otras culturas».


Porque la miscelánea en buena lid en la que se ha convertido también cada recodo de sombra en el Parque del Retiro es sorprendente. En la Feria Vocacional, con 68 stands diferentes como el del colegio Santa Francisca Javier Cambrini, se informa sobre las actividades de cada congregación, de cada misión en el exterior. En esta ubicación encontramos a la jovencísima María Bernardo, de solo 15 años y perteneciente a este colegio, que cuenta con sedes en Nueva York, Roma y Madrid. La muchacha informa al interesado sobre las actividades del colegio en el exterior para llevar la palabra de Dios.


Sorprenden los cánticos perfectamente hilvanados con coreografías gestuales de algunos de los 1.800 jóvenes llegados a la capital con la Congregación de la Misión. Javier Serra es uno de los adultos de la Sociedad de San Viente de Paúl que acompaña a esos jóvenes de entre 16 y 24 años como Yaritza Martín, Julieta Villar, Carla Díaz... Y así todos, uno tras otro, quienen aparecer, con nombres y apellidos, bajo el epígrafe «creyente que bailaba y manifestaba su fe en la JMJ de Madrid».


«Queremos causarle al Papa buena impresión; por ello, hemos ensayado perfectamente un repertorio completo», dice el risueño Daniel Castellanos. Y agregan las jóvenes que le custodian, todas amigas suyas de Las Palmas de Gran Canaria en esta su primera JMJ: «Queremos sorprenderle y también que él (el Pontífice) nos sorprenda con su visión del mundo y de cómo compartir y aunar culturas tan diferentes». Y se arrancan con el himno de «Vida» que se saben al dedillo.


En un lateral del recinto madrileño, dos monjitas, Sor Evelyn de Zimbabwe y Sor Teresa de Nigeria, se confiesan «muy ilusionadas» con la visita del nombrado por Dios, dicen, Benedicto XVI. Un grupo de muchachas vascas canturrea, casi de forma improvisada, que «se note que aquí están las de Bilbao y que el Papa está "acompañao"». Desde luego, el baño de multitudes cristianas para Su Santidad será apoteosico, visto lo visto en este primer día.


Riadas de peregrinos multicolores


«Nos alojamos en Leganés, en la parroquia de Llanos, en el colegio de San Benito...» Cada uno de los peregrinos extranjeros y del resto de España responde con soltura, con un plano de la ciudad en ristre, a la cuestión de dónde van a pasar esta semana de la vigesimosexta Jornada Mundial de la Juventud. Y, sin embargo, a continuación preguntan a un madrileño viandante dónde se encuentra Cibeles, porque a las 20.00 horas no pueden faltar a su cita con la «Misa de Acogida», la que da apertura a la JMJ de Madrid. Desconocen que están a solo un puñado de pasos.


Ese trayecto se hace, no obstante, eterno, ante las riadas de jóvenes que atestan el centro de la ciudad desde media tarde. En las puertas de Retiro, una estampa singular: intercambio de teléfonos y perfiles de Facebook, porque no hay que olvidar que tienen, de media y según un estudio del Comité organizador de la JMJ, 22 añitos.«La experiencia es muy bonita y conocer a tanta gente es una oportunidad única», nos cuentan Matilde, Anne-Laure y Alix, que se estrenan en la JMJ y han recalado aquí desde la localidad francesa de Poitiers. Entre francés y castellano se hacen entender: «Si nos sale bien esta primera vez, iremos a más JMJ, aunque la próxima será en Brasil [Río de Janeiro la albergará en 2013] y será más difícil ir allí».


Los casi 40 grados de este sofocante día en la capital y las horas de espera hacen mella a la entrada de la Puerta de Alcalá. Entre las flores blancas y amarillas (colores vaticanos) con que se ha engalanado toda esta zona se dibujan cientos de posaderas de jóvenes extenuados. Alguna ampolla empieza a aparecer y un hospital de campaña instalado en este punto, en las puertas del Retiro, atiende varias lipotimias.


Al final, tras una sentada monumental de miles de jóvenes en las calles centrales de Madrid, en las gradas y «colgados» de las mismas paredes de la Puerta de Alcalá, llega la explosión de la fe. En el escenario solemne y blanco de más de 30 metros presidido por la Virgen de la Almudena aparecen algunos de los 800 obispos, arzobispos y cardenales de todo el mundo concelebrantes de esta misa con el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Dedicada litúrgicamente al beato Juan Pablo II, al que invocan con sus aplausos los cerca de medio millón de jóvenes asistentes a este oficio religioso, en la misa también participan unos 8.000 sacerdotes que, como el padre australiano que está a nuestro lado, extienden sus manos y oran como si cada uno de ellos estuviese oficiando su propia misa.


«Sentíos en vuestro hogar» y estalla el aplauso


En la homilía, las palabras del cardenal Rouco Varela desatan el fervor y el estallido popular cuando les da la «bienvenida, jóvenes del mundo a esta ciudad de cálida simpatía y brazos abiertos». «Sentíos cada uno como si estuviéseis en vuestro hogar», ha incitado el prelado, y como si le entendiesen los jóvenes que hablan una treintena de idiomas diferentes, la salva de aplausos se contagia de extremo a extremo de la ciudad, desde la Puerta de Alcalá hasta casi la Puerta del Sol.


En este kilómetro cero de la cristiandad se adivina hoy un único postulado: cada uno vive la fe como quiere, a su manera. Unos sienten que tienen que arrollidarse en la oración, otros entrelazan sus manos, otros siguen tímidos la ceremonia en sus libros del peregrino donde se ha traducido el oficio... Los rituales se presienten distintos, pero es en el momento de darse la paz cuando las sonrisas fraternales y los saludos de cabeza y manos (porque el que "la paz sea contigo" se escucha de mil formas distintas) unifican a todos. Congenian.


Con todos los laterales imposibles de transitar, atestados de gente sentada en el suelo, aposentada en las gradas instaladas o en las banquetas azules dispuestas por el Ayuntamiento de Madrid, esto es una pequeña ONU del sentir católico en el que nadie se siente un «bicho raro», como decía la joven puertorriqueña, nadie se averguenza de expresar su amor a Jesucristo.









ABC

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