martes, 12 de julio de 2011

"PENSIÓN DIGNA" PARA LOS MISIONEROS

































Entregan su vida a transmitir el mensaje de Cristo alrededor del mundo. Pero, su cometido no sólo es evangelizar, también educan a sociedades con graves deficiencias culturales, ayudan a los más necesitados y acompañan a los enfermos. Son los misioneros. Religiosos y laicos  que abandonan las comodidades occidentales por una vida dedicada al prójimo.


De ellos se benefician muchas comunidades sin recursos, pero su trabajo no se ve recompensado cuando vuelven a nuestro país.  Trabajan sin condición de contratados y, por lo tanto, no cotizan a la Seguridad Social. Por ello, ellos mismos pasan a formar parte de ese colectivo al que ellos antes ayudaron. A su regreso «no tienen derecho a una jubilación contributiva  aunque hayan consagrado su vida al servicio de la Humanidad y del bien común», asegura Anastasio Gil, secretario de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española.


Semana de Misionología

Gil participa, a lo largo de esta semana, en la 64ª edición de la Semana Española de Misionología, que se celebra en Burgos. En su rueda de prensa inaugural reclamó, entre otras cosas, «una jubilación digna» para los que parten en misiones: «Queremos promover un estatuto del voluntariado internacional, ya que existen multitud de vacíos legales a este respecto», aclaró más tarde a LA RAZÓN. La Conferencia Episcopal y la Administración están en conversaciones «para intentar crear un presupuesto especial, aunque la mala situación económica que atravesamos ha obligado a suspender las sesiones», aclara.


Uno de los principales baches para dar forma a esta iniciativa es la falta de información referente al número de misioneros españoles que están desplegados alrededor del globo. «Calculamos que la cifra puede oscilar en torno  a los 14.000, pero no lo hemos ultimado», añade el secretario. Una de ellas es María Jesús Torres, que, a sus 50 años, ha pasado 22  ayudando al desarrollo de Bolivia a través de su congregación: las Misioneras de Cristo Jesús. Este sábado vuelve a poner rumbo a Sucre después de tres años de descanso en Albacete, su ciudad natal. «Me hice misionera para compartir mi vida con otras personas. Nunca me planteé qué sería de mí en el futuro. Cuando eres joven no piensas en estas cosas». Habla de la difícil situación que le tocará vivir cuando superé los 65 años y decida asentarse en España. «Me gustará que valoraran nuestro trabajo y nos lo remuneraran. Cuando te haces mayor necesitas cosas básicas como la Sanidad para poder vivir y hay hermanas en mi congregación que no tienen nada. Las hemos tenido que ayudar para tramitar su pensión de subsidio», añade. En los países de misión viven en la austeridad y el vacío legal no les permite mejorar su situación cuando su edad no les permite continuar evangelizando.


En primera persona

Rosa Porta tiene 80 años, pertenece a la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús y abandonó su carrera misionera hace 15, cuando la India le denegó el visado después de viajar a España a causa de una enfermedad. Ha entregado  casi toda su vida a una leprosería india donde no la dejaban hablar pero en la que se dieron varias conversiones: «Evangelizaba con mis acciones», explica. Ahora vive gracias a la congregación porque cobra 380 euros mensuales. «Sin el apoyo de mis hermanas, no podría vivir. A la vuelta nos quedamos desamparadas», añade



La Razón

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