viernes, 23 de septiembre de 2011

UN POCO DE URBANIDAD EN LA IGLESIA
















Un nuevo libro hace un retrato de los comportamientos maleducados durante las ceremonias: de los teléfonos móviles a los chicles, desde las chácharas a las discusiones por confesarse pasando por el desfile de minifaldas de vértigo

 
 
Nada de minifaldas ni de recibir llamadas telefónicas en misa. Se acabaron las chácharas durante las funciones religiosas y lavarse las manos en la pila del agua bendita, además de los bancos cambiados de posición para estar más cómodos, la señal de la cruz fulmínea ante el tabernáculo del Santísimo Sacramento, y las artimañas engañosas para evitar hacer cola delante del confesonario. Evitar los rezos solitarios en voz alta y las respuestas de carretilla, como "ycontuespiritu" o "benditoseasporsiempreseñor". Peor todavía los que mastican chicles o picotean dulces y dejan las huellas en los lugares sagrados o construyen barcos con los envoltorios de los dulces o con las hojas de los cánticos. Se recomienda vivamente el uso del chupete para los niños para evitar intermedios a causa de los tenores precoces durante la misa. Se desaconsejan, al contrario, los tacones de aguja y los zapatos nuevos ruidosos. Para evitar cacofonías se pide seguir el mismo tiempo en las oraciones comunitarias, sin arranques de concurso de televisión para llegar antes incluso que el sacerdote que celebra la misa. Pero a la cabeza de la clasificación de la mala educación en la iglesia, se encuentra el uso salvaje del móvil.


 
 
Quien ha dibujado el mapa de los comportamientos prohibidos en los sitios sagrados ha sido el Padre Raimondo Sorgia, dominico que ha ejercido de párroco en Sassari, fundador y director de "Radio San Marco" en Florencia, autor del libro "Un po' di Galateo in chiesa" (Un poco de urbanidad en la Iglesia, n.d.t.), publicado con el seudónimo de Jean de la Maison, en memoria de Giovanni de la Casa. "He visto a un señor distinguido ponerse en pie con el móvil para responder a una llamada justo en el momento de la consagración de la hostia", explica el Padre Raimondo Sorgia que, de su experiencia en la parroquia ha recogido también algunos ejemplos de mala educación de naturaleza sexual" y llama en causa a la responsabilidad de las mujeres admitiendo que son "impulsos preterintencionales más frecuentes que el dolo".  Por ejemplo, documenta el experto dominico de bon ton en la iglesia: "Frente a minifaldas de vértigo exhibidas en la iglesia, me temo que, sin ningún optimismo, la reacción y los pensamientos de las personas que las ven no sean elevadas ni espirituales". También violan las buenas maneras en la iglesia los listillos de las filas delante del confesionario. "He visto reñir por poderse confesar –escribe Raimondo Sorgia-. Una vez falto poco para que dos devotas penitentes de agarraran del pelo por una cuestión de precedencia". Y en lo que respecta a los pecados, los fieles tendrían que perder la mala costumbre de no prepararse y de asignar al sacerdote "la ingrata función de sacamuelas espiritual".  Son culpas menores de quién no se distingue por la elegancia de su comportamiento en la iglesia.





V.I./GIacomo Galeazzi/
CIUDAD DEL VATICANO

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