martes, 11 de octubre de 2011

HACE 200 AÑOS QUE LAS TROPAS DE NAPOLEÓN QUEMARON EL MONASTERIO DE MONTSERRAT



La noche del 10 al 11 de octubre de 1811 está marcada con letras de fuego en los anales de Montserrat. Hace justo 200 años que el santuario desaparecía engullido por las llamas como consecuencia de la guerra de la Independencia. Las tropas napoleónicas, lideradas por el general Suchet, provocaron un incendio que acabó con el monasterio. El resultado no pudo ser más nefasto: la iglesia, el archivo y la biblioteca quedaron reducidos a cenizas. Así se perdía el arte atesorado desde los orígenes de la fundación de la abadía, sus edificios levantados con antiguos estilos arquitectónicos, y su archivo y biblioteca, con valiosos papiros e incunables. “Supone el final del Montserrat antiguo en todos los sentidos”, afirma el padre Xavier Altés, monje que acaba de escribir la historia de la guerra del francés y Montserrat, todavía sin publicar, y que también ha catalogado los miles de libros que se salvaron de la quema.

-Hace 200 años que Montserrat renació como un ave fénix…

-Sí. Los periódicos antinapoleónicos de la época dijeron que se debía poner un letrero que dijese: “Aquí estuvo Montserrat”. Todo el mundo estaba convencido de que Montserrat se había acabado.

-Pero no se acabó.

-No, porque los monjes se sentían servidores de la Madre de Dios, algo que quizás dos siglos después nos quede lejos. Muchos, ante la ruina, volvieron a sus casas, pero quedó un grupo importante que regresó al monasterio con unas condiciones terribles, pero con ganas de seguir. Y a pesar, también, de las dos desamortizaciones que llegaron después.

-Debe resultar difícil venerar a la Moreneta lejos de Montserrat…

-Era más complicado. El obispo de Barcelona ofreció a la comunidad una propiedad en Collbató, pero se prefirió seguir en Montserrat. El mismo general Sushet tenía la idea de destruir Montserrat, pero que el santuario persistiera en algún lugar.

-¿Y por qué destruir Montserrat? Los franceses llegaron el 25 de julio. Llevaban casi tres meses de conquista y saqueos. ¿Hacía falta incendiar el monasterio?

-Se trataba de destruir, eliminar este sitio que había colaborado en los hechos del Bruc y que era lugar de refugio. Las batallas del Bruc son extraordinarias. Nadie podía pensar que unos somatents vencieran dos veces a fuerzas bien armadas. En la segunda acción se aparece la Madre de Dios, está testimoniado. La gente piensa que gracias a Montserrat, se vencerá.

-¿Hacía falta un castigo?

-El castigo era destruir Montserrat. Decir: “¿Véis cómo ha acabado aquello que pensábais que os salvaría?”

-¿Qué se destrozó?

-Todo.

-¿En la iglesia?

-La iglesia estaba muy bien arreglada para la época. Había un gran retablo de Esteban Jordán, hecho expresamente para Montserrat. En una capilla había un famoso cuadro que se discutía si era de Tiziano o Rubens. También había un altar con pinturas traídas del sur de Italia, atribuidas al Españoleto.

-¿Los franceses no se llevaron estas obras?

-No, todo se quemó.

-¿Y qué saquearon, entonces?

-Pequeñas cosas. Toda la argentería de la iglesia, que era muy grande, ya había desaparecido. La propia Junta de Defensa de Catalunya exigió su entrega para acuñar monedas.

-¿No se llevaron obras de arte?

-No. En las capillas superiores de la basílica había grandes cuadros traídos de Italia a inicios del siglo XVII. La primera crónica que tenemos después del incendio es que sacaron las pinturas y dejaron los marcos.

-¿Entonces?

-Los tiraron todos en medio de la iglesia para hacer una gran hoguera.

-Vaya. ¿Y los monjes no pudieron salvar nada?

-Pequeñas cositas. A inicios de 1810, cuando entregaron la argentería, escondieron la más buena: las coronas de la Virgen, el cáliz de oro macizo de Fernando VI de Austria y unas grandes custodias. Lo llevaron a Mallorca, donde se ocultó en la Cartuja de Montealegre. También pusieron en baúles muchos ornamentos buenos y antiguos, y todo lo mejor del archivo. Los llevaron a una granja montserratina que había en la entrada de Cervera. Pero cuando la Junta de defensa de Catalunya se enteró, obligó que todo volviera a Montserrat. No se pudo salvar nada.

-¿Y la Moreneta?

-Es un caso insólito y de mucha suerte. Días antes de la llegada de los franceses, el ermitaño de Sant Dimes la escondió en un escondrijo de la ermita, con una nota que tenemos conservada. Se puso una copia de la imagen en el altar mayor, que los franceses hicieron añicos. No obstante, encontraron la auténtica, pero no la supieron identificar porque estaba desnuda y se salvó. Antes, se vestía siempre la Virgen con una vestimenta acampanada y sólo se le veía la cara, las manos y el niño.

-Pues sí que hubo suerte…

-Al no identificarla, la dejaron tirada en un huerto. Estuvo así tres meses, muy lluviosos, y la policromía se deterioró bastante. Después de la guerra, se restauró aquí mismo.

-¿Y ya no se vistió más?

-Sí, hasta el 1936. Ese año se puso una copia en el altar. En el 39 la sacaron del escondite y ya se colocó sin vestimenta.

-¿En el 36 la escondieron mejor?

-Se escondió. Aún se conserva la toalla con la que se tapó y la cédula de ocultamiento.

-Tener copias de la Moreneta en Montserrat siempre va bien…

-Hombre, siempre hemos tenido una, es normal. Además, de vez en cuando la Santa Imagen necesita una limpieza o que se airee un poco la madera, pero sólo un par de días.

-El archivo y la biblioteca no corrieron la misma suerte que la Moreneta… ¿Qué grandes obras se perdieron de la biblioteca?

-Algún incunable famoso, sobre el juego del ajedrez. Los incunables fueron la primera cosa que se vendió con la desamortización.

-Pero esto fue años después. Entonces, ¿se salvaron algunos incunables?

-No se han encontrado. No se salvó ninguno impreso en la imprenta de Montserrat en 1499-1500. Se guardaban en el archivo y no quedó ni uno. En cambio, otros se encontraban en una sala de reserva, que fueron los que se vendieron. Es posible que fuesen a manos de libreros, que borraban los rastros del libro, la firma de Montserrat que se ponía en la primera página. Es imposible reseguir pistas. Lo he intentado y no he encontrado nada.

-¿Se conservaron muchos libros de la biblioteca?

-Miles de volúmenes que no llegaron a arder o que solo se quemaron algunas portadas, pero de los importantes no quedó ninguno.

-¿Y qué obras se perdieron en el archivo?

-Relativas a la comunidad, libros de óbitos, obras antiguas impresas en el siglo XVI, material interno. La pérdida más importante fueron los pergaminos, había más de un centenar del siglo X. El Llibre vermell también se guardaba en el archivo, en el cajón 4, pero en aquel momento no estaba.

-¿Por qué?

-No lo sabemos. La explicación que dio el padre Albareda en 1917 no va a misa. Le da el mérito a una persona que llevaba 20 años muerta…

-El padre Anselm Albareda, que fue archivero de Montserrat y también del Vaticano, sugiere en su obra Analecta Montserratina que el archivo se fue escondiendo sigilosamente en alguno de los escondrijos de Montserrat…

-Esta es una cosa del padre Albareda que no he entendido nunca. Esta afirmación comportó que los monjes fuesen picando por todas las paredes. Cuando creían que había algún sitio hueco o algo, se ponían a escarpar hasta que el abad dijo que ya había suficientes agujeros.

-¿Nunca se encontró nada?

-No, aunque se encontró el cáliz de oro de Fernando VI, pero fue haciendo unas obras.

-¿Entonces el padre Albareda tenía algo de razón?

-La idea del padre Albareda… hasta me da vergüenza decirlo... El caso es que inmediatamente después de la quema, hay una visualización ante notario y testimonios del archivo quemado.

-Pero no se puede saber qué se quemó…

-Mire, los pergaminos no resisten al fuego. Y todos los cajones eran de madera.

-El padre Albareda pone en duda que el padre Benet Ribas i Calaf, el archivero de aquella época, no intentara esconder de nuevo el archivo…

-Se retornó todo a Montserrat. Es un hecho.

-Una de las obras que se conservan son los Anales que acababa de escribir el padre Benet Ribas i Calaf.

-Se ha conservado una parte del borrador. O él u otra persona lo retiraron. Pero era un trabajo suyo, lo podía tener en su celda, no necesariamente tenía que estar en el archivo. Era una obra que aún se tenía que publicar.

-Aquí también hubo suerte.

-Sí, sí. Mucha.

-¿Se ha aprendido del pasado?

-El gran error no fue de los monjes. Fueron víctimas del momento. La Junta de Defensa de Catalunya contribuyó.

-Pero se supone que hoy en día se han tomado medidas para proteger las obras más importantes, como un sistema de evacuación de la Moreneta…

-Sí, todas estas cosas sí, pero si te hacen explotar un gran artefacto, no sirve de nada. S'acaba el bròquil.





La Vanguardia /Silvia Colomé

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