sábado, 29 de octubre de 2011

LA BEATIFICACIÓN DE CATALINA IRIGOYEN HACE HISTORIA EN LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA



La catedral de la Almudena de Madrid acogió hoy, a las 12 horas, la ceremonia de beatificación de Sor Catalina Irigoyen, religiosa de las Siervas de María. Es la primera ceremonia de beatifición que se celebra en el territorio de la diócesis de Madrid y en su catedral. La celebración ha sido presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, y concelebrada por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, el Nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini y una veintena de obispos. También han estado presentes cerca de 600 religiosas de las Siervas de María, el Cónsul General de España en Roma, Eduardo de Laiglesia, y el médico y la esposa de Luis Fernando Padilla, curado milagrosamente en el Hospital Obrero de La Paz, Bolivia, en 2004, por intercesión de la futura Beata.


Catalina Irigoyen Echegaray nació en Pamplona en 1848. Miembro de una familia de clase alta, a los 33 años ingresó en la Casa de las Siervas de María de Pamplona y un año más tarde se traslada a Madrid, donde pasó el resto de su vida dedicada al servicio de los enfermos, hasta su muerte en 1918.


Como Sierva de María siempre destacó su entrega a los más indefensos en épocas de epidemias de cólera, tifus y viruela. Sin ningún miedo al contagio, Catalina estaba dispuesta a cualquier sacrificio por suavizar el dolor y dar esperanza a los que la necesitaban.


La causa fue introducida por el Papa Juan XXIII en 1962 y el pasado 2 de abril de 2011 Benedicto XVI aprobó el milagro necesario para su beatificación. (La Razón)



Reproducimos seguidamente entrevista realizada por Radio Vaticano a la Superiora General de esta congregación, Madre Alfonsa Bellido, y aprovechamos la ocasión para ¡felicitar a todo el Instituto!:




Texto entrevista:

¿Qué rasgos de identidad presenta la Sierva de María Sor María Catalina Irigoyen Echegaray?

De familia distinguida de Pamplona, su padre fue Presidente de la Diputación Foral de Navarra. Bien formada cristiana y formalmente, fue Presidenta de la Asociación de las Hijas de María en Pamplona, promoviendo obras de caridad en hospitales y familias. Era de temperamento vivo, serena y alegre.

En 1878, conoce a las Siervas de María que se han instalado en Pamplona; entra en contacto con ellas y, sintiéndose atraída por su carisma y misión, solicita a la Fundadora, Santa María Soledad Torres Acosta, ser admitida en dicha Congregación. El 14 de mayo 1883 emite los votos temporales en Madrid, dedicando su vida a la asistencia a los enfermos a domicilio.

¿Qué resorte logró hacer de María Catalina una cumbre de santidad?

El amor a Dios sobre todas las cosas y el servicio a los enfermos. Decía ella: “Mi único anhelo es amar a Dios sin interrupción hasta el fin de mi vida”. Su identificación con Cristo se manifestaba en: su profunda fe, su humildad, intensa vida de oración y contemplación, su espíritu de sacrificio y mortificación,su amor a Cristo en la Eucaristía y en la Cruz, su filial devoción a María a la que había confiado su vocación y rezaba diariamente las tres partes del rosario, su espíritu eclesial y comunitario.

¿Qué nos puede decir de su vida de asistencia a los enfermos en sus domicilios?

Sor María Catalina fue ejemplar y generosa, atenta en el cuidado caritativo a los enfermos y celosa en ofrecer y recomendar la oportuna asistencia espiritual, logrando no pocas veces, conciliar a la desavenida familia del enfermo. Recuerdo que una familia comentó agradecida “con Sor María Catalina Dios ha entrado en esta casa”.

El libro de asistencias de Sor María Catalina documenta más de 400 servicios a domicilio, sin contar los prestados en tiempo de cólera.

Los 4 últimos años de su vida sufrió un fuerte calvario de tuberculosis ósea, teniendo que afrontar duras operaciones y dolores, sobrellevándolo todo con serenidad y abandono en las manos de Dios. Falleció santamente en la Casa Madre de las Siervas de María, en Chamberí,- Madrid, el 10 de octubre de 1918.

¿Cómo viven hoy las Siervas de María esta experiencia de la Beatificación de Sor María Catalina Irigoyen Echegaray?

La Congregación la vive a la vez con honda espiritualidad y con cálida alegría de familia, dando gracias a Dios y a la Iglesia por este momento de gracia.

Invocamos también del Espíritu Santo, dones de predilección, suscitando santas vocaciones de vida consagrada.

De la Jornada Mundial de la Juventud, vivida en Madrid en el mes de agosto, el Papa Benedicto XVI aseguraba que el Señor ha llamado a las puertas del corazón de muchos jóvenes para que le sigan con generosidad en el ministerio sacerdotal y en la vida religiosa.

Madrid, precisamente, había sido el principal campo de servicio apostólico, tanto de santa María Soledad Torres Acosta, Fundadora de las Siervas de María, como de la próxima Beata, Sor María Catalina Irigoyen.

¿Cuántas religiosas Siervas de María operan hoy en los diversos continentes?

Somos más de 1650 religiosas en Europa, América, África y Asia. El nuevo legado de santidad de Sor María Catalina Irigoyen abrirá sin duda, horizontes risueños para dilatar el Reino de Cristo en la comunidad mundial. Sabemos que por línea materna, Sor María Catalina estaba entroncada con la familia de San Francisco Javier, Patrono de las Misiones y estamos convencidas de que el gran don, que con su beatificación nos va a alcanzar, va a ser, el aumento de santidad en el Instituto y numerosas y fervorosas vocaciones para intensificar nuestra acción misionera dentro de la Iglesia. (Entrevista completa de Cecilia de Malak)

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También les ofrecemos el texto más amplio de la entrevista sobre esta nueva beata española:


¿Quién fue Sor María Catalina Irigoyen Echegaray?

María Catalina nació el 25 de noviembre de 1848 en Pamplona (Navarra), en la calle de Mercaderes, número 9. Fueron sus padres Don Tiburcio quien desempeñó el cargo de Presidente de la Diputación Foral de Navarra y Doña Leonarda, por la que, María Catalina se entronca con la Familia de San Francisco Javier.

Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento en la Catedral de Pamplona. Educada cristianamente en su familia, ampliando su formación en el colegio de las Madres Dominicas. A los 13 años formaba parte de la Asociación de Hijas de María y años más tarde, dadas las cualidades que la destacan, fue elegida presidenta de la Congregación de las Hijas de María, en cuya asociación trabaja sin descanso.

De su vida marcada por un gran amor a la Eucaristía, emanaba su deseo de servir a los más necesitados. Era admirada por su entrega tanto en la familia de la que se hace cargo al morir sus padres, como atendiendo solícita a los enfermos que visita en el hospital.

En 1878, conoce a las Siervas de María que se han instalado en Pamplona; entra en contacto con ellas y, sintiéndose atraída por su carisma y misión, solicita a la Fundadora, Santa María Soledad Torres Acosta, ser admitida en dicha Congregación. El 14 de mayo 1883 emite los votos temporales en Madrid, dedicando su vida a la asistencia a los enfermos a domicilio.

Las familias admiraban su dedicación y entrega especialmente en las epidemias del cólera, la gripe y la viruela que asolaban los hogares, en los que a veces, los enfermos se encontraban solos ya que los suyos querían evitar contraer la enfermedad. Sor María Catalina resistía sin miedo al contagio, atendiendo incansable a los afectados, dedicándoles su tiempo, su vida y hasta el sustento que desde Chamberí le hacían llegar. Dicen que era tan conocida esta su dedicación y su saber cuidar a los enfermos, que en las cabeceras de algunas habitaciones se podía leer el letrero: “si enfermo que me cuide Sor María Catalina”.

En su vida tanto de comunidad como de asistencia a los enfermos, se la veía feliz en su vocación. Para ella lo esencial era estar con Cristo y aprovechaba todo tiempo libre para encontrarlo en el Sagrario y descubrirlo tanto en las personas con quienes trataba como en los acontecimientos de la vida. Las familias se percataban de esa fuerza interior que de ella emanaba, creando en su entorno un clima de paz, armonía y reconciliación, afirmando que “donde ella entraba, entraba Dios”.

En 1913 se le declara una tuberculosis ósea que le produce agudos dolores y que ella acepta serena y abandonada en las manos de Dios. En esos momentos su vida entera continuó siendo un gesto de servicio dedicando su tiempo a orar por las necesidades que se le confiaban, pues todo el mundo sabía que su oración era fuente de fuerza y puerta para llegar hasta Dios. El 10 de octubre de 1918 fallece en la Casa Madre de las Siervas de María en Chamberí, donde descansan sus restos mortales.

¿Qué resorte logró hacer de María Catalina una cumbre de santidad?

Sin duda alguna fue el amor a Dios sobre todas las cosas el que le impulso a consagrase a Él, dejándolo todo y dedicando su vida al servicio de los enfermos. Decía ella: “Mi único anhelo es amar a Dios sin interrupción hasta el fin de mi vida”.

Identificarse con Cristo fue su meta y en ello puso todo su afán. Sus grandes amores fueron Cristo Eucaristía y María Salud de los Enfermos. Su vida estuvo marcada por una sólida fe, profunda humildad, intensa vida de oración procurando largos ratos de adoración ante el Sagrario y por las noches junto al enfermo, una ardiente caridad y celo por la salvación de las almas, por las que no escatimaba ningún sacrificio ni mortificación.


Una vida de santidad reconocida por la Iglesia

Ya en vida Sor María Catalina gozó de gran fama de santidad, que ha ido creciendo después de su muerte y confirmándose con numerosas gracias alcanzadas del Señor por su intercesión.

Fue Juan Pablo II quien promulgó el 10 de marzo de 1981 el Decreto por el que se reconocía que Sor María Catalina había practicado las virtudes cristianas en grado heroico, pasando así a ser considerada como Venerable.

El milagro que ha sido admitido para la beatificación tuvo lugar en La Paz (Bolivia) Es la curación rápida y sin secuela de un enfermo tras la invocación de Sor María Catalina. El paciente presentaba un hidroma cerebral que lo dejó en estado de coma. Intervenido para implantarle una válvula se obtuvo un resultado positivo pero a las 48 horas aparecieron una serie de complicaciones: Neumonía, meningitis, edema cerebral, hemorragias e infartos cerebrales. Más tarde sufrió, así mismo, unos minutos de anoxia cerebral. Hubo momentos en los que se temió por la vida del enfermo y se presagiaba que si salía adelante, la recuperación sería larga, penosa y le quedarían graves e irreversibles secuelas cerebrales, pero ante el asombro de todos tras la invocación de la Sierva de Dios, el enfermo que era cirujano, se incorporó a su trabajo en quirófano, en a penas mes y medio, llevando una vida completamente normal, lo que fue considerado inexplicable por los doctores que lo habían tratado durante su enfermedad.

El día 2 de abril de 2011, S. Santidad Benedicto XVI promulgó el decreto de aprobación del milagro que daba paso a la Beatificación de Sor María Catalina.


¿Cómo viven hoy las Siervas de María esta experiencia de la próxima Beatificación de Sor María Catalina Irigoyen Echegaray?

En este año las Siervas de María estamos celebrando los 160 años de fundación y nos disponemos a iniciar el año de preparación para los 125 años de la muerte de Madre Soledad Torres Acosta. La Beatificación de Sor María Catalina la recibimos como una confirmación por parte de la Iglesia, de que la vivencia de nuestro Carisma, y Espiritualidad, es un camino de seguimiento a Cristo que conduce a la santidad y a través de esta vivencia se manifiesta el amor de Dios hacia los enfermos.

A la vez, estamos viviendo este acontecimiento con honda espiritualidad y con cálida alegría de familia, dando gracias a Dios y a la Iglesia por este momento de gracia.

También es ocasión para pedir al Espíritu Santo, dones de predilección, suscitando santas vocaciones de vida consagrada. Precisamente, en la Jornada Mundial de la Juventud, vivida en Madrid en el mes de agosto, el Papa Benedicto XVI aseguraba que el Señor ha llamado a las puertas del corazón de muchos jóvenes para que le sigan con generosidad en el ministerio sacerdotal y en la vida religiosa.


¿Quiénes son las Siervas de María Ministras de los Enfermos?

El Instituto de las Siervas de María Ministras de los Enfermos inicia su andadura el 15 de agosto de 1851, en un barrio de Madrid, en Chamberí. Es el inspirador de la obra Don Miguel Martinez, Párroco de Chamberí con 7 jóvenes madrileñas, Manuela Torres Acosta que ese día pasará a llamarse María Soledad, es la última en ser admitida y será la única en permanecer firme ante las dificultades que la reciente Congregación tiene que afrontar. Es a ella a quien la Iglesia reconoce como Fundadora de las Siervas de María.

Las Siervas de María, siguiendo la consigna evangélica “estuve enfermo y me visitasteis” y “curad a los enfermos y decidles: el Reino de los cielos ha llegado”, se dedican al cuidado gratuito de los enfermos preferentemente a domicilio, en servicio nocturno y diurno. En servicio diurno en forma organizada a varios enfermos en sus domicilios. En clínicas, hospitales y centros de salud. En dispensarios y ambulatorios. En centros para enfermos crónicos y convalecientes, siendo portadoras del amor que Dios tiene por todos los hombres, pero de forma especial por los que sufren.

“Sólo sirvo para servir” era la consigna de Sor María Catalina mientras vivía y, sin duda alguna, su intercesión, su apoyo, continúa haciéndose patente desde el cielo en favor de tantos enfermos y personas que solicitan su protección, así como continúa su labor a través de las 1650 Siervas de María que distribuidas en 115 Comunidades esparcidas en 22 países de Europa, América, África y Asia, se consagran a aliviar a los enfermos allí donde estos soliciten ayuda, preferentemente en sus domicilios.







CSP

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