martes, 6 de septiembre de 2011

ESPLENDOR CELESTE EN DRESDE


Desde el martes 6 de septiembre se podrá visitar en Dresde “Esplendor celeste. Rafael, Durero y Grünewald pintan a la Virgen”, una exposición conjunta de los Museos Vaticano y de las Staatliche Kunstsammlungen organizada en la ciudad alemana con ocasión de la próxima visita apostólica de Benedicto XVI a Alemania del 22 al 25 de septiembre. Publicamos amplios pasajes del discurso –en la inauguración– del cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano hasta el 1 de octubre, cuando será sustituido por el arzobispo Giuseppe Bertello.



Con gusto he aceptado la invitación que se me ha dirigido para participar en la apertura de la presente exposición por diversos motivos, en particular por los vínculos que unen muchos años de mi vida con Alemania, pero más aún ante la inminente visita de Benedicto XVI a Alemania. En efecto, con esta ocasión, la gran pintura del altar de Rafael, la “Virgen de Foligno”, se expone ahora en Dresde junto al otro cuadro, más famoso todavía, de la “Virgen Sixtina”, conocido también como la “Virgen de Dresde”.



La “Virgen de Foligno” es una pieza fuerte de los Museos Vaticanos, situada precisamente en la misma sala de la “Transfiguración”, de Rafael. La decisión de privar a los Museos Vaticanos por algunos meses de una obra tan importante no podía tomarse a la ligera. A mi, como presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y al profesor Antonio Paolucci, como director de los Museos, nos pareció que podíamos compartir la idea del director general de las “Colecciones de arte estatales” de Dresde de llevar a cabo, con ocasión de la visita de Benedicto XVI a su patria alemana, una confrontación entre la mayor y más importante pintura de Rafael en Alemania, la “Virgen Sixtina” de Dresde, y su “hermana” vaticana, la “Virgen de Foligno”.



La “Virgen de Foligno”, tras su inclusión en las colecciones vaticanas en 1816, jamás se ha cedido en préstamo. Su traslado ahora a Dresde requería una decisión del Papa. Que tomó Benedicto XVI.



El cuadro de la “Virgen de Foligno” lo pintó Rafael poco antes de la “Virgen Sixtina”, en los años 1511-1512. La “Virgen Sixtina” fue labor del pintor en los años 1513-1514.



De María, en el cuadro de Dresde, se puede decir que está representada como en una “epifanía”, una aparición: se abre el cortinaje y aparece la mujer, muy sólida, verdadera señora romana, y tan ligera en su figura apenas movida por el viento, con la mirada atenta, dirigida a quien la contempla; tan escultural –Mulier fortis, Virgo intemerata– y tan viva. Aparece, y está presente. Ella con su Niño, no tan pequeño y ya crecido: el Hijo de Dios que es verdadero hombre.



Más que una aparición, la Virgen de Foligno se presenta casi como una visión que emerge del nimbo solar, entre un paisaje encantado y la corona de ángeles etéreos casi formados por la vaporosa sustancia de las nubes. En el oval ideal que la circunscribe, es una mujer toda dulzura en la sinuosidad de su actitud –Virgo sapiens, Mater amabilis– atenta al Niño todavía pequeño, el Dios partícipe de la fragilidad humana que parece quererse refugiar bajo su velo.



Por primera vez se nos permite admirar a las dos mayores Vírgenes de Rafael expuestas juntas por algunos meses en Dresde, junto a las obras de otros celebérrimos pintores alemanes de vísperas de la reforma luterana: Alberto Durero, Matías Grünewald y Lucas Cranach el Viejo. Obras todas estupendas que revelan a la mirada de los visitantes, en la diversidad de la propia configuración estilística, la unidad en la misma fe.

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